Un cementerio sin muertos, con lápidas de piedra morocha

- 11 de junio de 2019 - 00:00

En la entrada de una pequeña calle al costado de la carretera Portovelo-Zaruma, arriba, bien arriba, donde el microclima del bosque subtropical seco cambia a subtropical húmedo y nublado, en el barrio El Faique, una hermosa villa de ladrillos pelados (como dirían los vecinos de la zona) y pilares de madera, hace de guardiana eterna de un tesoro escondido. Solitaria y única, encanta a los visitantes desde hace más de 60 años.

Ingresar por la pequeña calle, pasando los perímetros del lote de la villa, genera una sensación singular: la de haber entrado a otra dimensión. Allí, atrás de los gigantes árboles de mango, se esconde un caserío pintoresco, con casas de una, dos y hasta tres plantas adornadas con balcones y ventanales donde reposan macetas con flores de todos los colores.

Más al fondo, sobre una pequeña ladera, un lote cubierto por la maleza, esconde un tesoro. Se trata del Cementerio Americano de Portovelo.

La compañía estadounidense South American Development Company (Sadco), que operó en la zona desde 1896 hasta 1950, lo segregaba todo: los deportes, las escuelas, los barrios, los clubes y, por supuesto, a los muertos. Cuando los mineros fallecían eran enterrados en El Paraíso, en el valle, a orillas del río Amarillo; pero cuando moría algún estadounidense este era llevado a la loma en El Faique. Despreciaban incluso el cementerio de Zaruma, ubicado pocos kilómetros más arriba.

En el Cementerio Americano de Portovelo, que ahora en realidad ya no está en Portovelo sino en la jurisdicción del cantón Zaruma, está la tumba de John Charles Lowry, pero está vacía. Ahí no hay muertos. En el sitio solo quedan lápidas de piedras morochas (compactas), sacadas del río Amarillo y cortadas simétricamente para dejar espacio a los nombres de los fallecidos.

El sitio está descuidado, escaleras de piedra en el centro del lote recuerdan al viejo Portovelo, de calles estrechas y empedradas. En el cementerio de El Faique ya no hay muertos porque los estadounidenses, al igual que hicieron con el oro, también se los llevaron. (I)

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