Luego nos preguntamos por qué hay tantos accidentes

- 08 de enero de 2019 - 00:00

El sol sale tímidamente. Son las 06:25 del sábado 5 de enero, la carretera está despejada. No hay tráfico, no hay vendedores en la orilla de la vía, los conductores se mueven con facilidad. Solo tres ciclistas imprudentemente ocupan todo un carril, pero la situación es manejable. Es la vía Guayaquil-Machala.

A la altura de la población de Cristóbal Colón, entre Puerto Inca y Naranjal, la carretera es amplia. En la radio un locutor saluda y pondera la reducción de accidentes de tránsito durante Navidad y fin de año, y pide conducir con cuidado a quienes en ese  momento estén en las carreteras.

En ese instante, un auto blanco con placa de Guayas, como fantasma, aparece en la parte posterior. Es difícil imaginar la velocidad a la que circula, todos los demás ruedan a la permitida, 100 km/h. El conductor se desespera, ambos carriles están ocupados, no puede avanzar con la misma rapidez con que llegó hasta ahí.

Opta entonces por “comerse” cuatro líneas de seguridad amarillas continuas, dos por cada lado de vía; usa el parterre central de la autopista, que la señalética indica es inviolable, como carril para rebasar. Demasiado apuro e irrespeto por la vida, para 15 minutos más adelante detenerse a desayunar en un comedor. El recorrido sigue.

Ya cerca de Balao, un tráiler cargado con un contenedor de 40 pies va al frente y tres carros lo siguen. Aquí no hay “parterre central” para rebasar, la vía es angosta; en el otro sentido de la carretera (Machala Guayaquil) el tráfico es más pesado. Son casi las 09:00 y todos están despiertos.

Detrás del tráiler, los carros se mueven a 70 km/h; la velocidad permitida es 100. Genera agobio. De rato en rato algunos pisan la línea amarilla para intentar rebasar, pero no es posible. De repente, sin ninguna advertencia, el cabezal vira a la derecha en una angosta calle de tierra, se detiene con el contenedor en la calzada, su gran tamaño no le permite maniobrar como fue su intención.

El camión que le sigue frena a raya para no impactarse, atrás se escucha el rechinar de los neumáticos de conductores distraídos que no ven o no entienden el titilar de las luces de emergencia de quienes van al frente. Y luego nos preguntamos, ¿por qué hay tantos accidentes? (I)

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