Trotar por las calles del suburbio de Guayaquil es un reto

- 21 de julio de 2018 - 00:00

Trotar en Guayaquil es toda una odisea, sobre todo si es en el suburbio de la urbe y más aún si es una mujer sola la que emprende el reto.

Lo primero es vencer la vergüenza y el miedo. Los hombres se sienten con el derecho de criticar, lanzar besos o  acompañar a la fémina que se atreve a recorrer las calles en pantalones ajustados.

El sector tampoco ayuda a que la experiencia sea agradable y relajante. Por ejemplo, para llegar desde la ciudadela Bellavista al sector conocido como “Las Avas”, se debe pasar por las calles circundantes al barrio de tolerancia, más conocido como “La 18”.

En el trayecto hay bares y discotecas sin dejar de lado los consumidores de drogas.

El trotar por esas calles hace más efectivo el ejercicio, puesto que descansar en el camino puede significar poner en riesgo la integridad física y sicológica.

En el suburbio de la ciudad es común que las personas socialicen en las veredas y son frecuentes los negocios improvisados en las aceras; por ello los transeúntes deben sortear los obstáculos.

Pese a ello al pasar la avenida Portete y la calle 17 el escenario empeora y se vuelve lúgubre. A pesar de que a una cuadra está ubicada una Unidad de Policía Comunitaria, la falta de iluminación y los vecinos que rondan el sector hace que más de uno se encomiende a un santo antes de transitar por el sitio.

La calle 17 termina y se convierte en García Goyena, en el sitio es normal encontrar personas libando en las esquinas y compartiendo polvos o “porros” con alguna hierba. A ello se suma la basura que es una constante en cada esquina.

Los olores de las carnes asadas que se cocinan en fogones en las veredas se confunden con lo agrio de los desechos en descomposición que están cerca. A eso se suma el humo que sale de la carretilla con tripas asadas o pollos embebidos en aceite.

En la noche no solo se corre por ejercicio, sino por seguridad. (O)

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