"¿Quién te ha dicho que yo soy tu jefe? Yo soy ingeniero"

- 24 de julio de 2018 - 00:00

- Jefe, discúlpeme, no depende de mí, pero no le puedo abrir la puerta. Tiene que bajarse y abrirla usted mismo.
- Qué te pasa, ¿quién te ha dicho que yo soy tu jefe? Yo no soy tu jefe. Ingeniero, para la próxima.
- Discúlpeme, jefe.
- ¿Qué no entiendes? No soy tu jefe.

El griterío en la garita de un conjunto habitacional, de esos cerrados, que ahora abundan en la vía Guayaquil-Salinas y que cuentan con guardianía privada y áreas verdes cuidadas por los propios residentes, pues el Municipio no llega por esos lados, moviliza a los vecinos que creen que se trata de un asalto.

El guardia inhala y exhala, empuña y suelta sus manos rápidamente como buen deportista. Vuelve a respirar fuerte y finge una sonrisa con la intención de hacer creer que la prepotencia del ingeniero no le afecta.

El ingeniero, y que quede claro, quien no es el jefe del guardia, ahora protesta acelerando temerariamente uno de sus tres carros en las estrechas y cortas calles del conjunto. Corre amenazante sobre los adoquines donde juegan niños pequeños y las señoras pasean sus mascotas sin miedo a ser atropelladas.

El guardia explica que le negó el servicio de portería porque esa es la orden de la administración, ya que el ingeniero no ha pagado las alícuotas desde hace más de un año. Son $ 60 dólares mensuales, una de las más económicas de la zona, pero sin esos aportes no se puede pagar la guardianía, el cuidado de las áreas comunales, la señalética, ni la recolección de la basura.

El ingeniero tiene tres grandes carros (que casi no los mueve); antes tenía 4, entre ellos una camioneta, de esas que no caben en los espacios de parqueo de la ciudad, de esas que se usan en las camaroneras y bananeras por la fuerza de su motor y capacidad de carga, pero que en Guayaquil se confunden con sedán de alta gama.

Con ellos bloquea la acera y la calle todos los días y se siente poderoso para humillar al guardia, pero no puede pagar la cuota que le permite vivir en un espacio bien cuidado.

El incidente, que no es único en conjuntos cerrados de Guayaquil, obliga a los vecinos a hacerle un plan de pagos y a explicar las normas de convivencia en pequeños letreros ubicados en varias partes de la garita. (I)

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