Volando con marihuana en la entrada a la Asamblea

- 10 de septiembre de 2018 - 00:00

Aquella mañana del 7 de agosto, el pleno de la Asamblea Nacional debatía el informe sobre el veto a Ley de Fomento Productivo y Atracción de Inversiones.

Mientras tanto, en la calle un grupo de  jóvenes con estrafalarios atuendos, se reunían para iniciar un plantón que contrastaba con el ambiente de seriedad que impregnaba el tratamiento de la Ley Económica, enviada por el Presidente.

Cuando el grupo sumaba ya unos 20 individuos, iniciaron los gritos con varias consignas. La principal decía “legal o ilegal, igual voy a cultivar”. Pedían la legalización de la marihuana.

Algunos carros que pasaban apoyaban con pitos la demanda de este grupo que poco a poco iba sumando adeptos. En media hora ya llegaba a 40 personas y continuaban arribando.

Del otro lado de la calle, a la entrada del Palacio Legislativo, la mayoría de quienes hacían fila para entrar compartían una postura de rechazo a las demandas del llamativo grupo.

Murmuraban palabras como marihuaneros, drogadictos, perdidos, pobres padres y miraban negando con la cabeza, angustiados por la falta de agilidad de los policías que a la entrada del Parlamento, recibían documentos de identidad y entregaban las tarjetas para poder acceder.

Con tambores en mano, los jóvenes prendieron una especie de fiesta, pero no fue lo único que encendieron. De pronto un olor especial fue invadiendo el ambiente y venía bailando la tonada de los entusiastas activistas, cubriendo a quienes buscan entrar a la Asamblea.

El olor era fuerte. Algunos jóvenes lanzaban de su boca sendas humaredas luego de darle una buena jalada a sus cigarrillos de marihuana.

El humo fue colándose por las rendijas de la cabina donde estaban esos dos pobres policías atareados, a quienes parecía que les iba haciendo efecto del cannabis, pues demoraron el doble, convirtiendo así la espera de quienes buscaban entrar al Parlamento, en una “voladera”. (I)

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