Los buses no tienen fondo en la capital

- 04 de septiembre de 2018 - 00:00

Miguel Antonio cambia su rutina laboral a lo largo del día. Muy temprano, sobre todo cuando el bus en el que trabaja tiene el primer turno, cobra los pasajes cuando el usuario desciende del vehículo.

Cuando el sol aún no ilumina la ciudad, hay escasos pasajeros y el cobro de último momento es fácil.

En las horas pico, cuando decenas de personas se apretujan en la unidad, prefiere recaudar el dinero al ingreso de la gente. Y cuando la demanda de transporte se reduce, opta por relajarse y vuelve a cobrar la tarifa “a la bajada”.

Lo único que no cambia es el estribillo que repite incluso cuando no más de una decena de personas ocupan cómodamente los asientos disponibles: “siga para atrás, atrás tiene la salida”.

Repite mecánicamente la frase al anochecer de aquel martes de finales de agosto, a pesar de que el período de vacaciones escolares mantiene semivacío el bus a la altura del Mall El Jardín.

Insiste en ella cuando esporádicos usuarios ingresan a la unidad conforme esta avanza a velocidad casi nula por la avenida Amazonas en dirección al norte.

Apela a ella, también, cuando el automotor parece estar camino de llenarse frente al Centro Comercial Iñaquito (CCI). “Siga para atrás, por favor. Le pido de favor. Atrás tiene la salida”, le dice a una mujer aferrada a dos bolsas de compras con la mano izquierda y a su cartera con la derecha.

Mientras el conductor ha detenido el carro frente al CCI en espera de clientes, Miguel Antonio saca la cabeza por la ventana de su asiento y grita de vez en cuando “Toda la Amazonas, plaza de Toros, parque Bicentenario, Machala, Cotocollao”.

Cuando insiste en su mantra: “Siga para atrás....”, la lentitud de la marcha previa, el cansancio del día, el calor del verano y la detención injustificada actúan como revulsivo para los usuarios.

Algunas personas golpean las latas del bus exigiendo que se mueva, mientras se escucha la voz de un pasajero que grita con ironía: “Siga para atrás, siga para atrás, ¿qué, esta pendejada no tiene fondo? (I)

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