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Casarse con primos ¿conlleva riesgos?

23 de agosto de 2015 00:00

No es posible que se enamoren, peor aún que contraigan matrimonio y que tengan descendencia. El mayor temor de quienes se oponen, a ultranza, al matrimonio entre primos es la posibilidad de que sus hijos e hijas nazcan con malformaciones genéticas. Aunque son relaciones muy cuestionadas, hay investigaciones científicas que contradicen lo que se ha considerado como una verdad irrefutable.

Los científicos, especialistas en genética, Diane Paul, de la Universidad de Massachusetts, y Hamish Spencer, de la Universidad de Otago, una de las más antiguas en Nueva Zelanda, demostraron que el riesgo de que los hijos de una pareja de primos nazca con defectos congénitos es mucho menor de lo que se pensaba. Los resultados de sus investigaciones revelan que las probabilidades de que los bebés de estos matrimonios vengan al mundo con problemas de salud son apenas 1,7% mayores que las de las parejas que no tienen lazos sanguíneos.

Esta posibilidad es la misma que se atribuye a los hijos de las mujeres que serán madres a partir de los 40 años. Pero hay un dato adicional: la probabilidad de que el número de hijos de primos vaya en aumento es cada vez menor y casi insignificante frente al número de madres con edades avanzadas.

Hace un par de años, Diane Paul, desató un debate al afirmar: “Las mujeres de 40 años y más no se sienten culpables por embarazarse, y lo mismo debe ocurrir con los primos hermanos que quieran casarse.

Los especialistas coinciden en que si una pareja de primos quiere tener descendencia, puede ponerse en manos de un experto durante el embarazo para prevenir cualquier problema de salud. Esta recomendación también se aplica para las mujeres que desean ser madres a partir de los 40 años.

Países que lo prohíben

Son muchos los estudios de carácter científico que revelan la inexistencia de una base científica que justifique las leyes que hoy prohíben estos matrimonios. Hoy, en países como, China, Taiwán y las 2 Coreas, entre otros, se prohíbe el matrimonio entre primos, es decir, entre los hijos de hermanos o hermanas. En Europa, no hay ningún país que lo impida y en Oriente Medio, África y Asia, incluso se prefiere este tipo de matrimonios.

Aunque en América Latina no está prohibido, hay muchos tabúes sociales sobre el tema.

De alguna manera, se ha propagado en el inconsciente colectivo la certeza de los hijos con malformaciones o trastornos mentales por la cercanía sanguínea.

Carolina Espinosa, psicóloga, dice que los primos enamorados suelen enfrentar juicios morales e incluso religiosos que, por lo general, giran en torno a la vida sexual entre ambos. En algunos casos —sostiene— se pueden presentar conflictos familiares, provocados por la unión carnal entre 2 miembros de la misma familia.

Esta proximidad suele producirse, porque los primos, desde que son pequeños comparten intereses, juegan entre ellos y forman parte de una misma colectividad.

Según la psicóloga ecuatoriana, muchas de estas parejas pueden ser rechazadas por sus familias y, quizás, mantener su relación a escondidas por el temor a exponer sus verdaderos sentimientos.

Cuando los especialistas en genética abordan este tema, suelen realizar varias precisiones para ser más rigurosos. Explican que es necesario valorar también los antecedentes familiares específicos en la pareja. Sobre este aspecto el ecuatoriano Víctor Hugo Espín, médico genetista del Hospital Carlos Andrade Marín, sostiene que cuando uno de los 2 ha tenido familiares con algún problema grave tiene más posibilidades de que sus hijos lo hereden.

Se sabe que 2 primos hermanos comparten, aproximadamente, una octava parte de su dotación genética. Si en esa octava parte hay algún gen mutado, ambos miembros serían portadores de la misma enfermedad y existiría un riesgo mayor de que tuvieran hijos con las 2 copias mutadas.

Como lo explica Espín, si la pareja no tiene lazos consanguíneos es más improbable que ambos tengan exactamente la misma mutación y que, por tanto, la transmitan a su descendencia. En cambio, cuanto más similar sea nuestro genoma, mayor es la probabilidad de que esto suceda. Para el médico Víctor Hugo Espín es necesario que estas parejas reciban un asesoramiento genético, en el que después, de un análisis de la historia familiar, podrán conocer sobre los riesgos específicos y las opciones disponibles, incluyendo el diagnóstico prenatal durante el embarazo en evolución.

Desde el punto de vista genético, todas las personas son portadoras de al menos 5 genes que los científicos llaman recesivos alterados, que no se expresan, porque existe un gen dominante que cumple su función en forma adecuada. Cuando se unen 2 personas consanguíneas, la probabilidad de que exista una información genética similar es mayor, lo que produce un aumento en las posibilidades de la manifestación de estos genes alterados.

Según la genetista, Mónica Ruiz, del Centro de Diagnóstico de Genética Humana, en Ecuador, las parejas que no están relacionadas, desde el punto de vista familiar, podrían, por azar, ser portadoras del mismo gen y dar origen a un hijo con problemas genéticos. En general, el mundo genético tiene mucho de azar.

De acuerdo con la publicación Todo en Salud, al momento de una nueva gestación, los genes comienzan su trabajo desde cero. De esta manera, no existe memoria y actúan independiente a una historia previa.

Por esta independencia, es que existen hijos de uniones consanguíneas que nacen sanos. Además, si la enfermedad tiene una mortalidad temprana en la gestación también puede pasar inadvertida al ser eliminada por selección natural.

Nuevas evidencias

Aunque los riesgos de tener niños con problemas genéticos es uno de los temas más abordados, hay otros informes que sostienen que los primos que se casan entre sí tienen un sorprendente éxito reproductor, superior al de las parejas habituales, y, aunque no hay una explicación clara, esto podría tener una base biológica.

A esta conclusión llegó un estudio de la compañía DeCode, que se ha especializado en el análisis de las raíces genéticas de los islandeses. Según los investigadores, mantener un cierto grado de parentesco, debe tener alguna ventaja genética todavía no descifrada.

Un posible ejemplo es que algunos problemas de incompatibilidad inmunológica, como la transmisión del factor Rh entre madres e hijos, se reducen en el caso de los progenitores ligeramente emparentados.

El matrimonio entre primos no es un hecho reciente. Durante el transcurso de la historia, varias figuras conocidas han contraído matrimonio con familiares. Charles Darwin se casó con su prima Emma Wedgwoodkf, un matrimonio que incluso ha sido objeto de varios estudios genéticos.

Uno de ellos fue realizado por la Universidad Santiago de Compostela que consiguió constatar genéticamente que el alto índice de enfermedades y mortalidad entre los hijos de Charles Darwin se debió a la consanguinidad.

Esta fue la principal conclusión de un estudio publicado en la revista BioSks. Al parecer, Darwin intentó comprobar, desde el punto de vista científico, los efectos perjudiciales de la consanguinidad y lo hizo con diferentes experimentos en plantas.

Paradójicamente, a este científico le preocupaba si sus hijos podrían haber tenido problemas biológicos por su matrimonio.

Tuvo 10 hijos, de los que 3 murieron antes de los 10 años. Una de ellas de tuberculosis y otro de escarlatina. Hay científicos que hoy cuestionan el hecho de que solo por ser parientes, Darwin y su prima, hayan tenido hijos con problemas genéticos.

Las investigaciones revelan que ellos tenían mayores posibilidades de concebir niños enfermos, ya que los Darwin y los Wedgwood (la familia de su esposa) se emparejaron entre ellos durante muchas generaciones, lo que provocaba que el científico y y su esposa tuvieran muchos otros parentescos, además de ser primos hermanos. Otros 3 hermanos de Emma se casaron con sus primos y la hermana de Darwin, Caroline, también se unió con un primo Wedgwood.

Estas uniones los convirtieron en una dinastía perfecta para que los genetistas indaguen más en las consecuencias de la consanguinidad.

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Testimonio

“Mi primo y yo nos gustábamos desde que éramos jóvenes”

Cuando tenía como 14 años conocí a mi primo, en segundo grado. Él vivía en otra ciudad y solo durante las vacaciones venía a nuestra casa a visitarnos con sus padres y hermanos. Aunque no éramos primos hermanos, teníamos una gran cercanía, porque nuestras familias se llevaban bien. Recuerdo que al ingresar a la Universidad, lo volví a ver, porque, además, era amigo de unos compañeros. Salimos varias veces juntos y él finalmente me reveló lo que sentía. Al principio, me asusté, pero, como me gustaba, decidimos salir. Cuando lo comentamos con nuestras familias, hubo resistencia. Incluso una abuela comentó que era pecado. Seguimos adelante con nuestra relación y nos casamos. Tenemos 3 hijos y ninguno tuvo problemas de salud. El primero es deportista. Nuestra relación siempre estuvo basada en la confianza mutua. No fue sencillo que nuestros padres entendieran que nos habíamos enamorado, pero con el tiempo lo aceptaron. Ahora son felices con sus nietos. Todavía hay muchos prejuicios sobre el tema, eso es indudable, pero si las personas se aman de verdad, es más fácil superar los obstáculos.

Karina V., quiteña.

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Relaciones

Los especialistas coinciden al indicar que muchas de estas relaciones se constituyen a partir de un secreto. Esto puede distorsionar el vínculo más que la cuestión genética.

En algunos países, del 20% al 60% de los matrimonios es entre familiares cercanos. Esto ocurre, sobre todo, en África.

No debe aplicarse la calificación de incesto a las relaciones entre primos, ya que este término, como se sabe, se refiere a las relaciones sexuales entre hermanos y hermanas.

Esta práctica es antigua. Es probable que los primeros hombres que migraron de África se hayan emparejado entre consanguíneos, por al escaso número de opciones.

Muchos genetistas insisten en que la posibilidad de que padre y madre tengan un gen que cause algún defecto de nacimiento existe, pero es bastante baja.

A la reproducción entre 2 personas emparentadas se la llama endogamia, del griego endon: “dentro”; y gamos: “casamiento”. La endogamia es bastante común.

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