El Telégrafo
El Telégrafo
Ecuador/Lun.25/Ene/2021

Columnistas

Tendencias
Historias relacionadas
José Valés

¿Y ahora quién podrá defendernos...?

27 de noviembre de 2020 00:00

Diego Maradona no era el Chapulín Colorado pero ayudaba y mucho. Tanto a menesterosos de toda carencia como a políticos y gobernantes con imperiosa necesidad de votos y credibilidad.

Su efectividad fue puesta a prueba en innumerables oportunidades. Dador de felicidad constante en sus días como futbolista y, sin ir más lejos, ayer durante su sepelio, con honores de jefe de Estado, en el palacio de Gobierno de la capital argentina.

Lo lloran los amantes del fútbol en todo el mundo y los argentinos, les guste o no el fútbol. Tal vez la mejor síntesis periodística de su deceso, la brindara la portada del periódico deportivo francés L´Equipe, que publica una foto del astro con la camiseta argentina bajo el título: “Dieu est mort” (“Dios ha muerto”).

El desenlace estaba por demás anunciado. Su salud venía complicada desde hacía años. Su figura era venerada en cada campo de fútbol donde su humanidad se arrastraba como director técnico de Gimnasia y Esgrima de La Plata. No se cuidaba ni su entorno lo cuidaba. Y es que la sociedad argentina no suele ser muy consciente a la hora de corresponder/cuidar a sus ídolos.

A Diego se le trasfirió la carga social de un superhombre, de un Batman gaucho, en combate contra todos los imperios imaginables, incluso el de la frustración nacional. Y así se fue apagado. Sus allegados aseguran que anímicamente estaba agotado. Se había extinguido en él, ese fuego sagrado que paseó por los campos de juego de todo el mundo y en cada “final” donde su vida estuvo en juego. Y es que Diego jugó con su salud como con el balón. A puro malabar y jugándose hasta el último aliento.

Ahora que no está, el fútbol perdió a su máximo exponente, los argentinos a su marco de referencia más perfecto y la política a una herramienta efectiva para contentar a las masas o calmar la furia, de acuerdo a la coyuntura del momento. Sólo así pueden entenderse las imágenes de las últimas horas en la despedida del ídolo. En el momento mismo en que se abre paso a esa pregunta, no por repetida menos, popular y necesaria. Nos quedamos sin fútbol, sin chapulines, pero con Maradona y su impronta “in memorian”. (I)