Salir un poco más humanos

- 22 de agosto de 2018 - 00:00

Si sufre de desmemoria migratoria, si “no es xenófobo, pero...”, si es un Toscanini más sobre el tema venezolano y no los quiere aquí, le tengo un secreto: ellos tampoco quieren estar aquí. Nadie deja atrás a su familia, a su comunidad, a sus costumbres, a su cultura, para salir de una precariedad y entrar a otra porque quiere.

Y si están dispuestos a hacerlo, también están dispuestos a hacerlo de manera legal o ilegal, por un puesto fronterizo o con coyote. Si no pregúntele a uno de los cientos de miles de ecuatorianos que migraron a comienzos de siglo. Seguro conoce a alguno.

Tener una pizca de empatía y solidaridad debería ser suficiente para abordar la migración venezolana con humanidad. Si no es la empatía y solidaridad, por lo menos nuestra historia reciente. Pero hemos desenmascarado al Trump que llevamos dentro, y la reacción oficial ha sido implementar una medida inconstitucional porque para el Ministro del Interior “es legal”, dado que esa es su “humilde opinión”.

Es decir, es una decisión ruin e ilegal, pero además es una decisión que no solucionará el problema. Venezolanos seguirán viniendo, legal o ilegalmente, porque ese es el drama de la situación. Es decir, tengas o no tengas corazón, esta es la nueva realidad. Y la solución debe ser una que conviva con esta realidad.

Ciertamente nuestra economía y nuestros mercados tienen sus limitaciones, pero también estamos teniendo un flujo de mano de obra que viene con sus propios conocimientos y sus propias redes. Desde el utilitarismo más frío, lo que tenemos es la posibilidad de ampliar la salida de nuestros mercados a futuro por los lazos que se mantienen entre los migrantes y su país de origen.

Tenemos la posibilidad de acercar dos culturas, aprender y enriquecernos entre nosotros, y sacar adelante este proyecto que llamamos país. Es una oportunidad de desarrollo, una relación que, por ejemplo, en una investigación, Parsons y Vézinaque ya demostraron con los migrantes vietnamitas en Estados Unidos.

Tendremos que adaptar y coordinar nuestra nueva realidad, pero no se lo puede hacer desde un gobierno que deslegitima al migrante por su condición de migrante. No lo podemos hacer desde una sociedad que no es capaz de dolerse por la desgracia ajena, mucho menos encontrar oportunidades en los cambios.

Podremos poner trabas, podremos sacar leyes, podremos gritar, discriminar, odiar, insultar, pero nada de eso cambiará la realidad. Podemos, por lo contrario, ser un poco más empáticos, más solidarios, y más creativos, y salir de esta situación un poco más humanos. (O)

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