La verdadera censura

- 21 de agosto de 2018 - 00:00

Que alce la mano el periodista de calle que no haya sido alguna vez insultado o desprestigiado. Basta con que alguien hable mal de la prensa en voz alta en medio de un puñado de personas para enfilar cañones hacia el mismo blanco.

Se discute mucho sobre la libertad de expresión y la censura. Se debate más sobre el marco legal y los mecanismos que imponen mordazas. Pero la verdadera censura es el desprestigio, y lo tenemos instalado desde hace años.

Si el presidente Maduro bloquea a NTN24, entonces la información llega vía internet. Si restringen la página, la información fluirá por las redes sociales. Siempre habrá una forma de acercar los contenidos. Meten preso a un periodista y la represión quedará evidenciada. Asesinan a un colega y el Estado quedará en eterna deuda con la justicia (como en el caso de Paúl, Javier y Efraín).

Pero la prensa en general sobrevivirá a los ataques físicos porque siempre habrá periodistas valientes dispuestos a tomar la posta.

En cambio, el desprestigio lesiona el único patrimonio y aval que tenemos los periodistas: la credibilidad. Cultivar el odio hacia el ejercicio periodístico es un deliberado acto en favor de la impunidad. Por eso en los regímenes populistas se habla gratuitamente de prensa corrupta y se tilda a los medios como “los enemigos de la gente”.

La descalificación sostenida de parte de líderes de opinión, empezando por quien gobierna, desgasta la formalidad de las noticias y toma fuerza ese pseudoperiodismo de guerrilla en redes en el que prima la opinión desinformada y desinformante guiada por las preferencias y conveniencias.

En EE.UU., unos 340 diarios publicaron el jueves editoriales dirigidos al presidente Trump para educarlo sobre el rol positivo del periodismo en la comunidad.

De cara a una revisión de la LOC habría que buscar la manera de incorporar una discusión sobre el discurso siniestro y destructivo que ha herido a la libertad de expresión.

La verdadera censura no es la que impide publicar o difundir, sino la que busca clausurar en la mente del lector y de la audiencia la necesidad de estar informado. (O)

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