La verdad sobre la innovación

- 11 de abril de 2019 - 00:00

Cuando se trata de descubrir la nueva idea disruptiva, la mayor parte de las instituciones se concentran en un solo tema: colaboración.

Y es por eso que el Municipio de Guayaquil, con la participación de expertos internacionales, promueve un comité oficial de la innovación que estará conformado por el sector público, sector privado y la academia, representada por la Espol y la UEES, entre otras. De aquí saldrán las políticas en materia de innovación, sus objetivos, evaluación y la ruta a seguir.

Esta idea se basa en el modelo seguido por otras ciudades, especialmente Medellín, Colombia, y su Ruta N para sumar esfuerzos y lograr que Guayaquil dé el salto hacia la innovación tecnológica. Más aún, mi querida Espol ha firmado un convenio con el Municipio de Guayaquil para que en el Campus Las Peñas, uno de sus edificios patrimoniales se convierta en un centro de innovación, tecnología y emprendimiento, mediante el proyecto Distrito 100 que tendrá una inversión cercana a los $ 12 millones. Ya se inició la construcción y este magnífico proyecto está en marcha.

Colaboración es necesaria para hacer sinergia entre las mentes brillantes y los recursos indispensables para conseguir articular un trabajo efectivo y creativo. Pero colaboración no es suficiente. Recientes estudios demuestran que  se necesita mucho más que simplemente recombinar el conocimiento existente. Se necesita un conocimiento profundo.

Basta mencionar un estudio que recogió información durante dos décadas en patentes de nanotecnología, demostró que los descubrimientos, que fueron novedosos y económicamente útiles, tuvieron el más grande impacto de largo plazo. Y de hecho, aquellos que fueron más novedosos y originales, fueron producto de un conocimiento profundo sobre esta tecnología.

Por esto necesitamos a los expertos para innovación tecnológica. Pues a pesar de que las culturas innovadoras son deseables y que la mayor parte de los líderes proclaman entender lo que se necesita para desarrollar estos entornos, son muy difíciles de crear y sostener. Cómo puede ser posible que prácticas que son universalmente deseadas y aun amadas, y es posible que hasta muy agradables, sean tan difíciles y tortuosas de implementar.

Yo creo que la cultura innovadora no está bien entendida. Los comportamientos agradables deben estar ligados con mucho e intenso trabajo y, definitivamente, un alto grado de tolerancia al fracaso y una total intolerancia a la incompetencia. (O)

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