Ventas y concesiones de bienes públicos

- 31 de agosto de 2019 - 00:00

La concesión es la acción que otorga un gobierno a empresas privadas para administrar un bien público. La concesión entrega el bien público (subsuelo, bosques primarios, carreteras, agua potable, puertos, aeropuertos, telecomunicaciones, etc.) para que particulares exploten y obtengan ganancias.

Por principio la concesión de bienes públicos contradice la esencia del bien público, que es ser administrado para servir a la comunidad. El servicio público no es un negocio. La venta de bienes públicos es peor, es la pérdida de un bien público para siempre. En ambos casos el Gobierno recibe dinero para salir de gastos en el presente, sacrificando el futuro. Es “pan para hoy, hambre mañana”.

El elemental sentido común en la administración de bienes personales, empresariales, comunitarios y estatales enseña que no debemos perder los bienes más importantes, sino los que tienen menos valor, porque hacerlo es insensato, ilógico, empobrecedor y renuncia del futuro.

Warren Buffett, el más famoso inversor en propiedades en el presente, llamado el “Sabio de Omaha”, enseña que jamás debemos desprendernos de lo más valioso; aun en los tiempos más difíciles, de mayor crisis, hay que resistir, no hay que desesperarse. No hay que vender o concesionar los bienes estratégicos que garantizan el bienestar en el futuro.

Si no existe dinero para proporcionar un servicio, se debe prestar, hipotecar. Si hay tres empleados y medios de trabajo solo para uno, se debe separar a dos. Si existe un vehículo y cinco choferes, deben salir cuatro. El personal administrativo debe ser reducido a lo necesario. El personal que da servicio directo a la población (médicos y educadores) no solo debe ser conservado sino aumentado.

Si los mejores y mayores bienes públicos se venden o concesionan, se convierten en  Estados y gobiernos muy débiles, repúblicas de papel; y los más pobres y discapacitados, los jubilados y ancianos, quedan desprotegidos. (O)