Unidad por el Sí en la consulta

- 24 de enero de 2018 - 00:00

En multitudinaria marcha de apoyo al Sí en la consulta popular, presidida por Alianza Bolivariana Alfarista (ABA), cofundadora de AP; con los partidos Socialista y Comunista Ecuatoriano, la COS, Fenatu, Frente Nacional de Profesionales, universitarios, agricultores, campesinos, trabajadores, alcaldes, entre otros, con la presencia de María Alejandra, con amplia unidad, se afirmó:

Que la consulta es una expresión democrática de enorme participación popular. Que el gobierno de AP, con el programa de la RC, decidió escuchar al pueblo en cada ocasión que se discutan temas trascendentes vinculados a sus intereses; esto es, observando a plenitud la consigna: todo lo del pueblo y para el pueblo, será con el pueblo. Que en la consulta ganará en forma contundente el Sí, por lo que se inicia un proceso de organización democrática del Consejo de Participación Ciudadana, para que nunca más se elija a dedo a sus miembros, se utilicen adecuados mecanismos de selección de autoridades y se rinda cuentas con seriedad sobre el cumplimiento de sus roles.

Que es legítimo que la enmienda constitucional sobre la reelección indefinida de la Asamblea se la someta a consulta, como debió ser, cuando AP decidió auspiciarla, lo que no se hizo, tanto por sus debilidades orgánicas como por el manejo de Rafael Correa, que impidió toda discusión democrática y adecuada organización, lo que siempre se criticó, pero nunca se corrigió.

Que es lamentable que exdirigentes de AP, se hayan convertido, junto a la derecha retrógrada, en oposición del Gobierno y su programa, coincidiendo con las fuerzas retardatarias del continente, como se mostró con el lloriqueo exhibido ante el traidor Luis Almagro, de la OEA, con el pueril argumento de que Lenín ha dado “un golpe de Estado para asumir todos los poderes”,  con base en la pregunta sobre el CPCCS, contrariando lo que el mismo Rafael Correa asumió, con sus propias formas, lo que no gustaba a la derecha. Hoy él hace lo mismo.

Se afirmó por fin que ningún revolucionario pide vacaciones para disfrutarlas en Europa y desde allá pretender gobernar, imponiendo sus particulares estilos. (O)