Unidad patriótica

- 27 de junio de 2018 - 00:00

Hay que reiterar los objetivos de equidad, justicia y soberanía del proyecto político que posibilitó el triunfo de Lenín Moreno, a pesar de los errores de fondo en lo político y ciertos manejos corruptos que el país ha condenado.

Los resultados de la consulta popular recuperaron la confianza ciudadana y se volvió progresivamente a los esenciales contenidos de la Constitución. Están vigentes las tareas de hacer efectiva la organización del Estado, reconociendo su carácter democrático, laico, intercultural y plurinacional; planificando el desarrollo nacional sustentable, para erradicar la pobreza con redistribución equitativa de la riqueza.

La participación ciudadana en la aplicación de las políticas y gestión del Estado es una gran tarea junto a la rendición de cuentas, que deben manejarse para impedir la acción de las trincas que, como en los viejos tiempos, buscan mediante leyes y formas de manejo fiscal presupuestario afectar los ingresos fiscales, a título de estímulos para la reactivación productiva, que deben darse en forma equilibrada y con mínimas garantías de generación de empleo.

El “toma y daca” y las políticas del “reparto de la troncha” que se aplicaron a diario desde el Congreso Nacional de la partidocracia, no pueden repetirse, ni los poderosos banqueros, financistas y comerciantes pueden tener riendas sueltas para manejar la economía, aduanas, Tribunal Electoral, cortes de justicia, etc.

Recordemos que, cuando no había acuerdos y se afectaba parcialmente sus intereses, organizaban los golpes de Estado, imponían dictaduras y gobiernos “interinos”, la “democracia” formal iba al tacho de basura. A esas prácticas no se volverá jamás.

Por ello es necesario desde las fuerzas democráticas con AP a la cabeza, apoyar al Gobierno y su plan, cerrar filas para protegerlo, ajustar las políticas, leyes y proyectos, con sentido patriótico, para superar el momento difícil. Ciertos sectores quieren “pescar a río revuelto” y “volver al pasado”, con sus viejos cuadros, privatizando y concesionando todo; imponiendo “estímulos” de todo tipo.

La unidad democrática es una necesidad histórica para impedirlo, impulsando la agenda que derrotó a la derecha, lo que supone reactivar en firme la economía, sin odios y con razonables equilibrios y acuerdos. (O)