Unasur herida de muerte

- 07 de mayo de 2018 - 00:00

Los procesos de integración en la región han venido presentando una serie de características propias a lo largo de los años, algunas de estas relacionadas fundamentalmente con el tipo de integración que se venía desarrollando. Un excesivo número de proyectos integracionistas ha sido uno de los elementos que distingue la integración en Latinoamérica, procesos tales como Unasur, Mercosur, CAN, Alba-TCP, Celac, Alianza del Pacífico, entre otras, obliga a los Estados a mirar diferentes opciones, algunas contrapuestas entre ellas, dificultando la posible consolidación de alguno de estos procesos.

Unasur se encuentra insertado en esta gran red descoordinada de proyectos de integración que se acumulan en la región. Nació con la intención de ser un elemento que sirviera a América del Sur para enfrentar el domino que EE.UU. ejercía sobre la región a través de la OEA. Algunos de los objetivos que planteaba Unasur hacía albergar ciertas esperanzas en relación a la posible consolidación de un proyecto fuerte. Hoy la realidad es muy distinta, la salida de seis países del bloque deja herido de muerte a este proyecto integracionista.

Son muchos los errores cometidos, pero hay uno que ha sido clave en esta ruptura, la ideologización de Unasur, al igual que procesos como Alba-TCP, hace que los proyectos estén condenados a desaparecer con el paso del tiempo. La región vive procesos democráticos, donde la alternancia de sus gobiernos es una característica clara, como en cualquier democracia. Unasur giró, fundamentalmente, en torno a los postulados del llamado Socialismo del Siglo XXI. Con el debilitamiento de este, y su casi desaparición en la región, es normal que los procesos como el ALBA-TCP y Unasur tiendan a desaparecer, producto de esta ideologización.

La salida a esta situación se torna altamente complicada, solo una reinvención del proceso, en la que se revise, desde los objetivos hasta los principios que deben regir el mismo, podría hacernos pensar en una posible solución. Pero, sin querer ser pesimista, estas opciones son pocas, aún más, cuando los Estados tienen otros muchos proyectos de integración en los que pensar. (O)