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Ecuador/Dom.11/Abr/2021

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Fausto Segovia Baus

Un tercio es pobre

17 de marzo de 2021 00:00

La noticia no es nueva, pero duele. Un tercio de la población ecuatoriana vive –sobrevive- en condiciones de pobreza, con $2 dólares al día. “En el informe de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU) a diciembre de 2020, difundido el martes 2 de marzo de 2021, se detalla que la pobreza y la pobreza extrema se han agudizado en el país, y tiene que ver, como un factor importante a la pandemia”.

Este problema –según los expertos- es estructural, complejo y polisémico. Estructural porque se relaciona con el sistema; es decir, el modelo económico y social imperante caracterizado por la concentración de capital y la exclusión de bienestar; complejo, porque tiene causas profundas y diversas; y, polisémico, porque tiene muchos significados o sentidos.

Pero lo más lamentable es que ante este retrato de la realidad la gente ya no se conmueve. Y no se diga los políticos que reproducen mensajes triviales llenos de intenciones, bonos y posibles cambios que, el momento del ejercicio del poder, no hay rendición de cuentas. Y la promesa queda en palabras, en el vacío.

El paisaje humano –de violencia, desigualdad y discriminación- es el escenario de un tercio del país, que afronta situaciones de carencias básicas, según el alicaído Índice de Desarrollo Humano: salud y nutrición agravadas por la pandemia del coronavirus, que desnudó otra pandemia más grave –la corrupción-; educación, que se “salva” por la cobertura, pero ha perdido el año en calidad, pese a los esfuerzos ministeriales; y, empleo: observen, por favor, el ejército de vendedores ambulantes por todas partes y el grito silencioso de muchas mujeres y niños en los semáforos de las calles…

El tema de la pobreza me recuerda algunas obras de mi juventud: “Los miserables”, de Víctor Hugo; “Huasipungo” y “En las calles”, de Jorge Icaza; y “El otro sendero”, de Hernando de Soto. La literatura ha hecho lo suyo, pero hace falta más decisión, liderazgo y valentía de los dirigentes para trabajar por un sistema más justo y humano no en el papel, ni siquiera en las leyes, sino en las prácticas.

Hoy las economías han sido disfrazadas de colores: naranja, verde y rosado. En mi concepto no importa el color: una democracia real debe tener prioridades, y son los pobres y futuros pobres: no regalos ni bonos, no caridad para aliviar los dolores de conciencia; sí oportunidades, empleo seguro, más sociedad civil y más inserción de las mujeres en la economía, en la educación y el poder.

¡Evitemos la reproducción del círculo de la pobreza!!Porque el tercio de pobres nos concierne a todos!

 

 

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