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Ecuador/Sáb.23/Oct/2021

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Xavier Villacís

Un pedido al correísmo

El periodo correísta contribuyó de forma exponencial al crecimiento del execrable hábito de robar dinero del pueblo.
23 de febrero de 2021 00:00

No debemos equivocarnos ni conducir a equívocos: con el correísmo no nació el asalto a las arcas del Estado. Asaltos y abusos a los fondos públicos se registran desde tiempos de nuestros abuelos. Sin mayor esfuerzo de memoria recordamos el negociado de "La Chatarra" en 1961, días de Velasco Ibarra. En 1983 la sucretización de Osvaldo Hurtado. Cuatro años después la Perimetral de los socialcristianos, con sus sobreprecios y conflictos de intereses. En tiempo “del fabiolo” (1997-1998) el reparto de la “troncha” acordada entre Verduga con Nebot. Antes de la década correísta, el salvataje bancario de Mahuad (1999). Pero eso sí, luego del 2007 -sin duda alguna- todo lo anterior se reduce a un pulgarcito delictivo.

El periodo correísta -como se infiere líneas atrás- contribuyó de forma exponencial al crecimiento del execrable acto de robar dinero del pueblo desde una función pública. El daño alcanzado desembocó en un presente con limitaciones al acceso y beneficios de la educación, jubilación en riesgo, salud sin respuestas, ciudades sin alcantarillado ni agua potable. Carecer hoy de una vida digna, mientras cientos de corruptos -recordemos- cambiaban de status económico en pocos años, vitoreando la cantaleta correísta, en el verdadero peor gobierno de nuestra historia. Sí, el de Rafael Correa, el mismo que llamaba a que se roben todo y así lo cumplieron. Para certificar lo malo que fue con el país, basta con volver la mirada hacia quien nos dejó de sucesor en la presidencia.

De ese inescrupuloso ascenso económico, esquilmando el erario público, resaltan, por ejemplo, los Alvarado Espinel, los Glas Espinel y tíos; el otro Espinel -el de cortarse las manos pero que nunca lo hizo-, también la ex reina del Yamor que mandó a comer m a su banda. Esto sin olvidar tantos gobernadores, prefectos y alcaldes, los cuales, tomando la bandera del correísmo, se enriquecieron sin pudor alguno en la década robada. Ahora, cuando muchos creemos volverán, resulta necesario pedirles se eviten algo. Esto, a lo mejor, puede hacer llevaderas nuestras vidas  en la presagiada tormenta: hagan lo que quieran o puedan cuando regresen, pero, por favor, no se llamen honestos. No sigan insultando nuestra inteligencia.

 

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