Contra los transgénicos

- 16 de agosto de 2018 - 00:00

La humanidad enfrenta cuatro grandes desafíos en este milenio: la desaparición de la pobreza, la transformación del capitalismo, el cambio climático y la conservación de semillas naturales de granos, evitando que transnacionales privadas impongan el uso de transgénicos estériles, creando una peligrosa neodependencia alimentaria, que consagraría la sumisión de los pueblos del mundo.

Las semillas naturales y las reservas de granos siempre jugaron un rol geoestratégico y determinaron relaciones de poder, puesto que sus propiedades de reproducción y conservación garantizaban la sobrevivencia en épocas de escasez. Obtener las semillas mejoradas ha significado un trabajo planetario y colectivo de al menos diez mil años, tiempo que les tomó a diversas sociedades desarrollar la agricultura, a partir de la selección de las mejores simientes fértiles. En Ecuador hay evidencias con antigüedad de 6.000 años de la domesticación del maíz, grano americano expandido por el planeta después de la conquista española. Sin el proceso interactivo entre sociedad amerindia y naturaleza, que dio lugar al maíz, hoy nada sería igual, incluso habríamos desconocido sabores exóticos como el del canguil. Otros granos tales como el trigo, la cebada, la soya y el arroz, son herencia del esfuerzo y sabiduría de pueblos ancestrales de Europa, África y Asia.

Actualmente países como Argentina, Canadá, Brasil y EE.UU. siembran más del 90% de granos transgénicos. Si la dependencia del transgénico aumenta, la humanidad enfrentaría el riesgo de perder la capacidad natural de reproducción de los alimentos. Más aún, si los bancos de semillas fértiles originales se concentraran en empresas privadas apátridas y asociales, habría nacido un poder mayor que el político, el económico y el bélico, capaz de dominar el mundo.

Nuestro país debe ser coherente con su principio constitucional, liderar una campaña para evitar la generalización de los transgénicos, crear una conciencia planetaria y lograr un pacto mundial institucionalizado, para la protección y reproducción de semillas naturales.

Un mito del pueblo amazónico huaorani dice que ellos no fueron creados, más bien aparecieron en el mundo cuando “el maíz se convirtió en persona”. (O)