Tiempo gris para la lectura

- 12 de mayo de 2018 - 00:00

En los tiempos en que el reloj no me obligaba a salir de cama, cada vez que me preguntaba, o me preguntaban, en qué trabajo me sentiría mejor, respondía: leyendo. Como sabemos, y como luego lo corroboré, difícil se construye una vida solo leyendo. Habría por lo menos que escribir y así, como muchos lectores precoces, con igual cuestionamiento, vimos al periodismo como medio para construir algo, por más pequeño o sencillo que sea ese lugar, sin alejarse por completo del primer anhelo.  

Desde mi actual lugar, confieso –con pena– no haber terminado de leer una novela desde hace un par de años o algo más. Me he alimentado de cuentos que nunca dejo de releer o de una que otra página de mis novelas de siempre. Esto al parecer es algo cada vez más común, incluso entre los que nos consideramos lectores. Y para corroborarlo, la lluvia del atardecer del reciente miércoles me ayudó.

Busqué guarecer del temporal hasta la hora prevista para mi salida de Quito pasando por la Librimundi de la calle Juan León Mera. Andaba cerca y la recordada calidez de sus estanterías abarrotadas de libros, más la sugerencia recibida de una novela, me dejaban sin argumentos para no visitarla. Al llegar, la librería no estaba allí. No recuerdo si leí o no del cierre del local de la tradicional librería en el momento que sucedió, pero me resultó una lamentable sorpresa encontrarme ante su señorial fachada cerrada.

Tomé un taxi hasta el centro comercial (CC) donde se mantiene un local de Librimundi. Confieso también que no gusto de los CC, y aunque no les guardo fobia alguna, siempre es el último lugar al que pienso llegar en cualquier ciudad. Así que, sitiado de tiendas de ropas y otras atenciones de esta modernidad tan fofa y envolvente, me hice de la novela que quería. Al salir caminé por la amplia acera de las NN.UU. y atendí unos letreros que decían de la gestión del Ministerio de Cultura firmados con fecha pasada. Leerlos volvió más gris la tarde, el frío caló con mayor fuerza y arreció la lluvia. (O)

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