El subsidio a los combustibles

- 26 de agosto de 2018 - 00:00

En esta sociedad dicotómica el opuesto a los subsidios de los combustibles puede ser calificado como miembro de la derecha neoliberal y el que los defienda a ultranza, como vocero de la izquierda marxista.  Evidentemente esta es una simplificación exagerada. No obstante, el tema es muy importante como para no tratarlo con la seriedad más absoluta.

Los subsidios han sido celosamente mantenidos por gobiernos demagógicos que, han dicho, son indispensables para las clases menos favorecidas; sin embargo, está demostrado que un alto porcentaje de tales subsidios beneficia a las clases más acomodadas. 

Por otro lado, los gobiernos temen eliminar los subsidios porque al ser medidas interpretadas como antipopulares, la estabilidad del gobernante se compromete. El que hoy se hable de la eliminación del subsidio a algunos de los combustibles se debe a la constatación del patético descalabro económico al que nos llevó el régimen anterior que, aparte del gasto desenfrenado que todos conocemos, incurrió en actos de corrupción desconocidos en la historia de Ecuador por su magnitud y dispersión. 

Frente a la posibilidad de que, en efecto, el subsidio a la gasolina sea eliminado, surge la respuesta obvia: que devuelvan la plata robada y que los subsidios se mantengan. La verdad es que es imposible que devuelvan la plata robada y es muy poco probable que un porcentaje significativo de esta pueda ser recuperada por el Estado. Por otro lado, es muy cuestionable que los subsidios deban mantenerse. 

Aunque no hay certeza en las cifras, en un año, el monto que el Gobierno pagó por subsidios a los combustibles subió en 72%. El Ministro de Hidrocarburos manifestó que los subsidios representan alrededor de $ 3.000 millones, cifra aproximada al 10% del presupuesto del Estado central, equivalente a todo el presupuesto en salud y muy superior al presupuesto de defensa y seguridad.

Parte de la insolvencia económica del Estado se debe a los subsidios a los combustibles y otra parte, aún mayor, a la insolvencia moral del Gobierno precedente. (O) 

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