“Sordos, ciegos y mudos” y ser honrado

- 17 de agosto de 2018 - 00:00

Constituye una verdadera vergüenza nacional que servidores públicos no sirvan. Ministros que sean “sordos, ciegos y mudos” frente a documentos y acontecimientos bajo sus responsabilidades. Asambleístas que no legislan ni fiscalizan. Comisiones de fiscalización y control político que encubren y protegen a quienes se deben enjuiciar. Contralores generales del Estado que hacen cualquier cosa, menos controlar. Procuradores y abogados que no defienden los intereses del Estado y la patria ecuatoriana. Ciudadanos paralizados por el miedo que no participan. Poderes públicos que no se respetan a sí mismos y se hacen obsecuentes del poder central. Se convierten en cuadros pintados en la pared, “convidados de piedra” o muertos en vida... solamente para conservar los puestos públicos, recoger migajas, mientras los más poderosos se llevan la mayor parte. Mientras tanto, la corrupción pública y privada se expande. El microtráfico, la delincuencia, la desocupación, la pobreza, la incertidumbre y la desesperanza aumentan.

Necesitamos un baño de ética personal y honestidad pública por todas partes. Se requiere ser y trabajar de forma honrada, Que no sean perseguidos los que trabajan de forma honesta para sobrevivir y vivir con dignidad. Que se cultive el talento que tiene toda la población.

Que los privados de la libertad se los capacite y reeduque para que no reincidan. Que todos construyamos el bienestar de Ecuador.

Se requiere hacer una cruzada permanente contra los malos funcionarios públicos y defender a los honrados. Raúl Ferrer decía: “Si tienes que escoger entre una falsa persona que se dice revolucionaria o socialista y no lo es, y un honrado de cualquier ideología o religión, como dijo el ‘Che’ Guevara, quédate siempre con el honrado, porque dentro de todo honrado hay un revolucionario”. El honrado no se vende ni se puede comprar, siempre es incorruptible, irradia luz a los demás y es un ejemplo. No a la complicidad. (O)