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Felipe Rodríguez

Sobornos para la mafia

07 de octubre de 2019 00:00

En 1974, Rodríguez Lara implementó el subsidio a los combustibles en este bello país amazónico, soberano y petrolero. Ese subsidio lo pagamos todos los ecuatorianos, sin exigir que a cambio se inviertan esos mil cuatrocientos millones de dólares al año en educación o salud. Ese subsidio nació y persistió por 45 años como una carta de negociación, como el maletín putrefacto de la democracia con el cual los gobernantes de turno se sentaron con la mafia más poderosa dedicada a la extorsión del Ecuador: el gremio de los transportistas.

El 02 octubre de 2019 Lenín Moreno entendió lo que debe hacer un presidente que sabe que no tiene futuro político: no ser cortoplacista, proyectar el futuro de todo un país y suprimir, por fin, el subsidio que sirvió como pago a la extorsión, como tributo al secuestro.

¿Quién usó el subsidio para proyectarse políticamente en detrimento de todo el país? No, la respuesta no es Rafael Correa, es “también Correa”, él y todos los presidentes que hemos tenido desde Rodríguez Lara. No es una carta de negociación del correísmo, es el chantaje de una democracia secuestrada por décadas.

Y no se confundan. No se dispuso que suba el precio del combustible, se lo mantuvo igual. Lo que se suprimió es la limosna a la pandilla de los transportistas, que piden paternalismo y beneficios para trabajar, mientras todos los demás trabajamos para obtener beneficios. Apuesto lo que sea que los transportistas que salieron a protestar nunca leyeron las reformas tributarias; son zombis, guiados por la ambición de sus dirigentes.

No piensan por sí mismos, sino que dejan que quienes no piensan piensen por ellos.
Esto es simple: o gana la mafia o gana el país. No hay otra opción. Y ahora sí, con más sentido del humor: las maravillosas consecuencias de esta huelga han sido las siguientes: 1. Hay menos polución porque los buses que pasaron la revisión vehicular tras pasar un billetito, no circularon; 2.

Hay menos accidentes mortales causados por la caterva que no respeta los horarios, frecuencias y leyes de tránsito; 3. Uber y Cabify crecieron, dándonos un servicio seguro, limpio y de calidad; 4. Ya no se contrabandea gasolina subsidiada por nuestros bolsillos para venderse como ganga a los afortunados hermanos peruanos y colombianos.

Así que si quieren, sigan en huelga mis queridos bárbaros transportistas, quemando llantas con el diésel sin subsidio que acaban de comprar. (O) 

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