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Ecuador/Mar.15/Jun/2021

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José Valés

Sepan ustedes entender

12 de marzo de 2021 00:00

Ya es un clásico. Una marca registrada en su gestión de gobierno. Con el correr de las semanas va mejorando la performance, con frases más cortas, como estiletes, pero sin filo. Reemplazando el nombre de las naciones por los nombres propios, cultivando sospechas de que, psicológicamente, todavía sigue siendo aquel operador político de algún candidato de la “derecha” como Domingo Cavallo u otro de “izquierda” (NdeR: las comillas resaltan eufemismos), como Néstor Kirchner, de quién llegó a ser su jefe de Gabinete. Pero viene brindando muestras con diferente tenor, de que la Presidencia no le sienta bien, a Alberto Fernández. Eso sí, su mascota Dylan, un hermoso perro Collie rudo, goza de mejor suerte que los perros de Joe Biden, Champ y Major, recientemente expulsados de la Casa Blanca, porque uno de ello, Major, le tiro un tarascón a un guardia seguridad. Una minucia comparada con lo que venía de hacer su amo, al ordenar un bombardeo a Siria, varias semanas antes.

El amo de Dylan (bautizado así por Bob Dylan), no llegó tan lejos. Sólo volvió a dejar a su gobierno -y de paso a su país-, al borde de un conflicto diplomático. Un capítulo más de la saga de episodios de ese tipo que caracterizaron su gestión durante la primera mitad del 2020 como para matizar las prohibiciones y hacerle un poco más amena la cuarentena “más larga del mundo” a los argentinos.

Eran días de encierro, y el delegado de Cristina Kirchner en el despacho presidencial, se metía en líos con su par chileno, Sebastián Piñera, al afirmar que la taza de contagios era “mayor en Chile que en Argentina”. Off Side.

Ese episodio había tenido lugar en Abril. Ya en mayo Fernández apuntó más alto. Su destino fue Suecia. Mejor dicho les advirtió a todos los argentinos que nunca iban a ser suecos. Como si sus gobernados no lo sospecharan.

“Cuando me dicen que siga el ejemplo sueco, la verdad lo que veo es que Suecia, con 10 millones de habitantes, hoy cuenta más de 3000 muertos por el virus. De haber seguido ese ejemplo nosotros hoy tendríamos 13.000 muertos".

La respuesta de la embajada sueca no tardó en llegar, como era de esperar y ahí están las cifras de muertos, contagiados y nuevos pobres para contrastarlas con Suecia y el resto del mundo.

Luego en julio, cuando los argentinos todavía seguían encerrados y la devaluación ya se hacía sentir no sólo en los bolsillos, sino también en la psiquis de los gobernados por el señor Fernández, volvió a la carga. Digno y fiel representante de su pueblo, dio muestras acabadas de que a él  también podrían haberlo afectado emocionalmente aquellos problemas económicos. Escogió al País Vasco para defender las bondades del aislamiento compulsivo que le recomendaban, nunca se supo bien si, los epidemiólogos o los economistas.

“El aislamiento hace que no caigamos en el dilema que cayó el País Vasco de tener que elegir quién vive y quién muere…”

La respuesta no la dio el lendakari (presidente del País Vasco), Íñigo Urkullu, sino la Federación de Entidades Vasco Argentinas:"El sistema de salud en el País Vasco no colapsó. Como lo muestran los documentos del gobierno vasco que se acompañan… Es por eso que nos cuesta entender por qué se ha hecho esa mención, que es injusta, dolorosa…".

Días después, el señor Fernández se tomó descanso en eso de andar comparándose, midiendo sus decisiones con países del Primer Mundo y comprándose conflictos con todo el mundo. Lo reemplazó momentáneamente el gobernador bonaerense Axel Kicillof, quien pretendió clavar banderillas en el toro de la relación bilateral con España.  Al parecer a la clase política argentina en tiempos de crisis les llama la atención las autonomías en lucha allí en la Península. Esa vez no fue ya con los vascos la cosa sino con los catalanes. “En este momento, Barcelona (algo así como “la vigesimocuarta ciudad de Argentina” por cantidad de habitantes argentinos allí), está en cuarentena…”

Y como todavía Barcelona no es la capital de “els països catalans (Los países catalanes), fue la Embajada de España la que le entró a saco en un comunicado: “la Embajada de España quisiera aclarar que, desde que el 21 de junio se levantó el estado de alarma, ni Barcelona ni ninguna otra parte del territorio español están en cuarentena, ni estricta ni de ninguna clase…”

De nada valió andar plagiándole a Pedro Sánchez y su gabinete los  decretos las medidas contra la pandemia.

Después de varios rifirrafes con Brasil (tanto en Fútbol como en covid-19) y “el pequeño fascista desilustrado” que ocupa el Palacio del Planalto, los argentinos llevaban un tiempo sin asustarse de las comparaciones conflictivas del señor Fernández. Algunos creían que ya estaba vacunado al respecto. Hasta habíamos creído que había contratado un asesor en principios básicos de diplomacia pero no. No somos una sociedad muy amante de los cambios bruscos, ni en el corto plazo. Una muestra de ello, la hubo días pasados, cuando “el primer guitarrista de la patria”, como lo apodan sus amigos,  volvió a manifestar una recaída. Ahora la fue con Ecuador y más precisamente con su par, Lenin Moreno.

Ocurrió justo en el momento que todos lo sabían presionado por su jefa, la vicepresidenta por cuestiones internas y un periodista lo consultó si estaba distanciado de Cristina Kirchner. Su respuesta verbal fue una, la lectura de su respuesta corporal nos dijo otra cosa: “Yo no soy Lenin Moreno. Los que se imaginaron eso no me conocen…”

De inmediato un llamado a consultas del embajador en Buenos Aires, Juan José Vázconez, quien presentó “una enérgica protesta diplomática” y un conflicto donde era impensado que lo hubiese.

Es evidente que el comportamiento de Dylan en la residencia, comparándolo con sus pares estadounidenses y el cariño que le propina esa, “la primera mascota de la Nación”, no le es suficiente a su atribulado amo. No alcanza, para mitigar la tensión a la que lo somete su jefa de todas las horas. Ni siquiera sus dichos pueden mostrarse como una puya en el proceso electoral ecuatoriano para arrancarle una sonrisa “al amigo Rafael”, en una mera travesura de ese operador político que fue y que aún lleva adentro. Y eso porque el caso ni siquiera imprime en la campaña.

A esta altura, las reacciones del señor Fernández, esa necesidad manifiesta de andar comparándose permanentemente con los de afuera, con lo extranjero o con otros de su mismo rango, representa una materia prima inigualable para los psicólogos. Ellos deberían ponerse a estudiar eso que en el barrio conocíamos como complejo de inferioridad. Tal vez la terapia lo ayude. Allá, en el conourbano profundo donde se encuentra el mayor reservorio de votos de la Jefa, lo resolvíamos de otra manera, con terapias más prácticas y urgentes. Pero en la cima del poder todo es diferente.

No tenemos las herramientas para saber si es la altura, si es el vértigo o si realmente el señor Fernández no puede superar etapas y  psicológicamente, no termina de asumir el rol para el que fue elegido. Puede que sea eso lo que lo lleve a meterse recurrentemente en conflictos con el vecindario y con aquello que a su alrededor llaman Primer Mundo. Por eso, hermanos latinoamericanos como somos al fin, y en pos de la parte que nos corresponde sólo podemos decirles desde aquí que por favor sepan ustedes entender: con Dylan sólo no alcanza.     

 

 

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