San Francisco y el fútbol

- 07 de junio de 2014 - 00:00

Lo mejor que le puede pasar a un equipo -como a San Lorenzo de Almagro- es que el mejor hincha sea el mismísimo Papa. Sí, Francisco alienta a su equipo, por lo que el club –el ‘Ciclón’, como lo llaman al ‘azulgrana’- le envió una camiseta que dice: “Papa Francisco. Rezamos por vos, rezá por nosotros”.

Todos creíamos que a los papas no les gustaba el fútbol, aunque el nuevo santo ‘súbito’ Karol Wojtyla jugaba como delantero, pero acabó siendo portero en un equipo local de Wadowice. Debe ser por eso que Juan Pablo II atajó tanto al comunismo.

A propósito de religión y fútbol, calza perfecto un microcuento de Jairo Aníbal Niño: “Dicen que cuando san Francisco -en su humildad y en su sabiduría- inventó la pelota de trapo, la chutó con toda la fuerza de su pie, y la bola entonces fue una paloma negra y gorda que pasó de manera inatajable por el extremo izquierdo del arco iris. Dios, conmovido con la exaltada alegría de su siervo, decidió que algún día crearía el fútbol”.

Esto debió saber nuestro cura Juan Manuel Basurco, el de los ‘botines benditos’, cuando jugaba en Barcelona, y, con los años, fue titular de una cátedra de filosofía. “Como parte de las misiones diocesanas fui destinado a Ecuador, a los 26 años”, contaba Basurco, a los 69 años, retirado de todo. “Por despuntar el gusto comencé a jugar en la parroquia, en San Camilo. Hacía goles, sí. Muchos, pero al principio me dejaban chutar por ser el cura, hasta que se dieron cuenta de que seguía haciendo goles también cuando me marcaban”. Al final, el sacerdote dejó la Iglesia, se casó, tuvo dos hijos y se jubiló en la docencia.

Es una de las historias que trae el fútbol, ahora que estamos a punto de entrar en la Copa del Mundo en Brasil, a propósito bajo el signo del Cristo Redentor, de Río de Janeiro. Esa tierra del ‘Rey Pelé’, a quien Horacio Ferrer hizo un poema: “A Edson Arantes do Nascimiento / Pelé / le hicieron pobre en la cuna / con un grano de café bajo la luna…”.

Ya que estamos en tema religioso y sin ofensa transcribo el Padrenuestro a la bendita pelota: “Fútbol nuestro que estás en la cancha, / santificado sea tu cuero. / Vengas a nosotros justo al pecho. / Hágase tu voluntad en penales como en tiros libres. / Danos hoy nuestro pase de cada día. / Perdona nuestros puntazos, / como también nosotros perdonamos a quienes / te tiran sobre el travesaño. / No nos dejes caer en la tentación / de mandarte a la tribuna, / y líbranos del mal fútbol… ¡Amén!”. Para terminar, debo comentar que Maradona tiene su propia iglesia y feligreses, pero esa es otra historia de la ‘Mano de Dios’.

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