Somos unos salvajes

- 16 de diciembre de 2019 - 00:00

No cabe duda, somos unos salvajes. Y no me refiero a las últimas protestas de octubre en Ecuador o las que se desataron en Latinoamérica. Estoy hablando de nosotros los hombres en sí, en relación a nuestra dinámica con las mujeres.

Para darnos una idea, la figura es esta: el hombrecito de estadio hincha de un equipo, descamisado, de gargajo y grajo, que insulta y tira piedras. O el obrero sudado, grotesco, el que parece que mira a todas las mujeres como presa de caza. O el violentito al conducir; el obsesivo drogadicto, que, como sanguijuela, está prendido del lomo de su pareja.

El de la testosterona, el mujeriego construido desde el porno. Al que dice que la mujer es “multifacética”, porque hace de todo: puede con los niños, la oficina y los compromisos… diciendo ensimismado de posesión, pero sumido de obesa mediocridad: “eso es la mujer, porque yo no puedo hacer aquello”.

El magnate patriarca “bésame el anillo de oro” pelo en pecho y mostacho, que compra amor y como cliente, “siempre tiene la razón”; o el que mira con morbo, acosa mujeres en la calle con sus pendejas palabras; el que viola, maltrata o mata a la mujer. No sé qué más es un hombre hoy ¿usted lo sabría?

Estamos viviendo un momento intenso sobre la relación entre los sexos, hombre y mujer. El performance Un violador en tu camino, agitó un poco más nuestras lentas cabezas. El llamado está hecho y hay que escucharlo.

Recordemos que, en nuestro país, una mujer violada que va a poner la denuncia recibe los coqueteos del que toma los datos en la Fiscalía. Ha habido testimonios de eso. Lo más común que se dice es: “y usted ¿por qué se vestía así?”.

Decir cosas como “mira cómo se viste y así no quiere que la violen” o prácticas como viralizar videos o fotos íntimas de mujeres, como transferencia de carne… eso hacemos los hombres, mientras que, gracias a nosotros, ser mujer es un infierno.

Pregunto, ¿qué es ser hombre? ¿habrá uno que cuente con esa respuesta? Quien pueda responder, quizá ese valga medio la pena. (O)