Sacerdotisas transexuales

- 30 de octubre de 2018 - 00:00

Gracias a una colega me he enterado de una historia digna de ser contada. Es real, pero tan ajena, que pareciera sacada de alguna novela exótica. Resulta que la comunidad Burgis, nativa de la isla Célebes (Indonesia), reconoce 5 géneros distintos (que, de acuerdo con sus creencias, deben vivir en armonía). Dicha comunidad reverencia como sacerdotisas (llamadas “Bissu”) a quienes son consideradas, por su transexualidad o androginia, portadoras de elementos femeninos y masculinos que les permiten ser intermediarias entre los humanos y los dioses.

Las Bissu fueron consejeras de los reyes y parte de la nobleza, según el libro sagrado de los Burgis, el Sureq Galigo: se trata, como la mayoría de los libros sagrados, de un texto que relata el mito de la creación de su pueblo, a la vez que ordena ciertos comportamientos y describe tradiciones. Sin embargo, parece ser que hoy por hoy las Bissu son una especie en extinción. Ya en los años 60, el líder islámico Kahar Muzakkar empezó a perseguirlas y muchas fueron asesinadas. Sus instrumentos rituales fueron quemados, otros lanzados al mar. Además, muchas otras fueron asesinadas por las tropas anticomunistas del Nuevo Orden del general Suharto. Paradójicamente, lo fueron por ser juzgadas como ateas.

En la actualidad, muchas Bissu viven escondidas, temiendo la persecución de quienes se oponen a sus viejos ritos; otras han pasado a ser personajes folclóricos para los turistas; algunas, aún activas, temen ser la última generación del Bissu. La particularidad de esta cultura ha sido minada por los afanes “civilizatorios” de aquellos que le temen a la diversidad. Hasta donde he podido leer, los Burgis tradicionales viven (o vivían) en armonía con la naturaleza, tienen una vida simple atada a sus creencias, inofensivas para los demás. Pero esta cultura ha tenido que vérselas con la intolerancia.

La historia vuelve sobre sus pasos: algunos “iniciados”, enérgicos conservadores de aquello que ellos eligen -a su gusto- conservar y acabar, buscan imponer su modo de vida, “trastocar un orden ancestral” (como dice la novela), ¿y para qué? Para sentir que otros viven como ellos, solo porque les asusta la vida de los otros, incluso si se trata de un modo de vida inocuo o inofensivo. Absurdo. (O)