Ataque a lo público

- 09 de agosto de 2018 - 00:00

“Correísmo”, así de manera simplista se pretende definir lo que, en verdad, se fue gestando en la Revolución Ciudadana. Hubo, como en todo proceso que debe manejar complejas contradicciones, avances y retrocesos. Borrar fotos, videos, como en demencial cólera, es inútil porque los registros que se han asentado en las mentes de muchos ecuatorianos no están al alcance de esas manos temblorosas.

En los diez años de la etapa anterior, lo público, siempre denostado, alcanzó otros niveles. Así que se podría decir que lo sucedido en la década que hoy se pretende proscribir fue una nítida recuperación de lo público. No bien iniciado el nuevo gobierno, algunos agazapados empezaron a machacar con el discurso de la inversión social como despilfarro, como “corrupción”. No necesitábamos tantas centrales hidroeléctricas, para qué, si los apagones eran la condición natural de un pueblo al que hay que tenerlo aplastado, no vaya a ser que aprenda a hablar fuerte y claro. Colegios, universidades, multipropósitos, hospitales, carreteras, fueron hechos para justificar esa fuerte inversión que, al decir de cierta mezquindad empresarial, permita robar. Y, con la enorme complicidad mediática, la cantaleta fue de todos los días, mañana, tarde y noche, hasta convertirlo en titular del día, todos los días.

Ahora aflora, otra vez, el tema de los llamados subsidios (¿lo serán?), o hay que mirarlos, más bien, como la fijación de un precio para determinados servicios básicos, que busca proteger a sectores eternamente postergados. Inevitable decisión política que ya sabemos siempre suscitará disputas, esa es precisamente la política, porque los más fuertes pretenden insaciablemente jalar toda la riqueza a su máquina de contar billetes.

Llevar a supuestos precios reales esos servicios resultaría, de nuevo, imperdonable injusticia porque los sectores populares cargarían, como siempre, salvo paréntesis históricos, con el peso de un acomodo que ha proclamado ganadores a unos poquitos -el pasado estaría de vuelta- y que tiene como cabeza de playa al sector financiero.

El “correísmo” (son ellos los que practican ese obseso culto) recuperó lo público, así que la inferencia bien podría ser: acabar con el “correísmo” significaría, trágicamente, el menoscabo de lo público. Ahí radica una cuestión política que sería ingenuo soslayar. (O) 

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