Reputación e impresión

17 de abril de 2011 - 00:00

La reputación o buen nombre, patrimonio de singular valor protegido por nuestras leyes, es la base de respeto y credibilidad de una persona, cuya influencia abarca todas las áreas de su vida. Pero, la buena reputación no se fabrica de la noche a la mañana, sino a través del tiempo, mediante una conducta coherente con los valores admitidos por la sociedad.

Estrechamente ligada a la reputación está la ‘buena impresión’, menos trascendente y profunda, pero más diversa y no sujeta a valores, sino a aspectos como la moda, la economía, las relaciones familiares y otros estándares sociales. Por esto, la preocupación por una ‘buena impresión’ es más cotidiana y ligada a convencionalismos sociales.

La frase lo dice todo: una ‘buena impresión’ busca impresionar o causar un impacto favorable con el fin de conseguir un buen empleo, ser admitido en un círculo social o en un club, recibir los afectos de alguien, etc. Por cierto, no es malo ocuparse de la ‘buena impresión’ dentro de una sociedad, siempre que no raye en una preocupación exagerada ni opaque la trascendencia de una buena reputación.

Miles de libros, charlas y cursos se han realizado sobre la ‘buena impresión’, pues, en la sociedad de hoy, quien no logra una imagen favorable, se queda rezagado, aunque sus capacidades y conocimientos sean altos. Lo nocivo es limitarnos a buscar una buena impresión, convirtiéndonos en seres vacíos y ególatras, como productos de exterior seductor y contenido mediocre. Además, si consideramos el rechazo a lo falso o maquillado, no debemos caer en exageraciones contraproducentes, ni en la práctica de tramposas estrategias de seducción y engaño para conseguir fines mezquinos.

Recordemos que la Biblia nos exhorta a dar un buen testimonio ante los demás para mostrar que somos hijos de Dios, y lo que digamos, escribamos, miremos, escuchemos, hagamos y a donde nos conduzcan nuestros pies, nos debe dar buena reputación. 

Sócrates escribió que "El modo de adquirir una buena reputación es esforzarse en ser lo que se desea parecer"; pero, a menudo lo olvidamos y pretendemos que los demás piensen de nosotros lo mejor mientras mostramos falencias éticas y nos preocupamos solamente por causar una buena impresión por fines egoístas alejados de los valores que fortalecen una sociedad.