Relato del animal urbano

- 27 de mayo de 2020 - 00:00

En el siglo XXI, la urbanización es un fenómeno real. Más de la mitad de la humanidad vive en ciudades, que son escenarios donde la vida se desenvuelve con todas sus complejidades, apariencias e inequidades.

El ser humano es un animal urbano. Lo dicen las estadísticas y las proyecciones que han hecho los especialistas. El futuro del mundo está en los centros urbanos que aglutinan gente, recursos, problemas a veces insolubles, y también una serie de oportunidades desapercibidas.

El proceso de urbanización ha cumplido etapas. Al principio fue el “homo erectus”, que hizo posible caminar y explorar en dos extremidades; luego sobrevino el “homo habilis”, que se caracterizó por el desarrollo de destrezas para manejar sus manos, que le permitió construir y manejar instrumentos para preparar el fuego, la labranza, la cacería y la guerra. Más tarde sobrevino el “homo sapiens”, es decir, la capacidad para pensar y comunicarse mediante lenguajes simbólicos.

Con la aparición del pensamiento se dio inicio a la evolución cultural. Prueba de ello fue la aparición progresiva de nuevos estatus: el “homo ludens” o el hombre que juega, descrito por Johan Huizinga; el “homo economicus”, concepto neoclásico que sirvió para modelar el comportamiento humano para alcanzar el bienestar, formalizado en algunos patrones particularmente en la economía; el “homo videns”, construido por Giovanni Sartori, quien configuró el nuevo estadio de evolución humana en una sociedad audiovisual, y su variante “la sociedad red” o “telépolis”, creada por Manuel Castells; y, el “homo urbanus” o la nueva especie depredadora.

El “homo urbanus” se fue gestando y ahora es un fenómeno -¿civilizatorio?- de carácter planetario, al que han contribuido diversos factores culturales, demográficos, económicos, políticos, tecnológicos y ambientales.

La depredación del mundo es real. El animal urbano y su estilo de vida tienen un alto costo: la desaparición progresiva de ecosistemas y el hábitat en la Tierra. Y los acuerdos para evitar la destrucción de la naturaleza y la extinción de miles de especies, no han sido aprobados por las grandes potencias. ¿Una venganza de los virus ante la depredación ocasionada por los humanos? (O)

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