Reflexiones sobre el socialismo

- 01 de noviembre de 2018 - 00:00

Con la compañera Melania Mora estamos concluyendo un libro sobre esta temática, relativo a Ecuador, desde los precursores hasta las ideas sobre el llamado Socialismo del Buen Vivir o Sumak Kawsay. Es una recopilación de textos de ideólogos políticos, investigadores y teóricos.

Lo hemos hecho, en consideración a los avances políticos y conceptuales incorporados, tanto en la Constitución como en los planes de desarrollo, tomando en cuenta los avances y límites del proceso político de más de una década, es necesario reflexionar sobre sus bases ideológicas y doctrinarias, que deben ser comprendidas e interiorizadas por los dirigentes políticos y sociales.

El socialismo, desde todos los tiempos, se planteó en las luchas de los pueblos, por construir un mundo justo, igualitario y sostenible, que mitigue y revierta las dinámicas de organización y funcionamiento del capitalismo histórico. Conlleva la supremacía del trabajo humano sobre el capital, en armonía con la naturaleza y lo considera no como un factor más de producción, sino como el fin de la misma.

Busca la democratización de la propiedad de los medios de producción; procura que el Estado sea también propietario de importantes sectores estratégicos y gestor responsable de los servicios básicos. Uno de sus grandes retos es lograr que los trabajadores y comunidades se conviertan en dueños de aquellos, por lo que impulsa formas colectivas de propiedad, sobre todo de la tierra.

En los últimos tiempos se ha difundido la idea del Socialismo del Buen Vivir, que redefine la estrategia de desarrollo y propicia en transición hacia la modernidad, entendida en términos propios, ecuatorianos y latinoamericanos. La experiencia en algunos países así lo muestra.

No hay modelos que se puedan exportar. Cada pueblo lo organiza como a bien tiene y puede.

Coincidiendo en las reflexiones de Lenín Moreno, en el sentido que esencia son  la justicia y equidad, así como la inclusión y el respeto a los derechos humanos; es claro que quienes promueven este modelo, desde el debate político, la dirección de las organizaciones y, con mayor razón, la conducción de los Estados, deben combatir las prácticas corruptas de todo tipo e impulsar la gestión de los gobiernos con pulcritud y transparencia.

Los procesos revolucionarios se dan en un marco de dignidad y consecuencia para avanzar hacia objetivos de democracia, solidaridad humana, internacionalismo de los pueblos y dignidad nacional. (O)