Redes sociales y Rodas

- 13 de julio de 2018 - 00:00

Las redes sociales pueden ser beneficiosas: permiten expandir las capacidades de opinión, conectar individuos físicamente alejados y acercar sociedades de acuerdo a sus intereses. Hacen el mundo más pequeño y alcanzable. Así mismo, las redes sociales pueden ser perjudiciales: permiten la participación de individuos violentos que fomentan discursos de odio, comercializan opiniones ficticias, facilitan el maquillaje de la desigualdad y digitalizan parte de nuestra interacción ciudadana. Es sobre este último punto que quiero reflexionar respecto a un ejemplo contemporáneo.

Rodas es el peor alcalde que Quito ha tenido. La ciudad es un caos administrativo, su administración tiene severos problemas de corrupción, desborda el desorden, no hay planificación, el liderazgo, horizonte político e identidad de la ciudad están perdidos. Los quiteños tienen la oportunidad de revocar su mandato y materializar el rechazo a la mala administración. Es un mecanismo válido y necesario de participación ciudadana y permite el fomento de la cultura de la queja que, en Ecuador, es atrofiada.

Como fiel reflejo de su administración, la estrategia de Rodas es débil y evidente: contratar voceros y abogados para que promuevan dos tipos de mensajes. El primero es que ya falta poco para dejar la alcaldía, por lo que no tiene sentido revocarlo. El segundo es intentar dispersar la culpa del desastre a los concejales, sin darse cuenta de que el fracaso de ellos es su fracaso.

A los quiteños las redes sociales les sirvieron para evidenciar su malestar con la administración. Sin embargo, debemos motivar a que esa participación digital se materialice con una firma. Revocar a Rodas ayudará a crear una cultura ciudadana de queja y rechazo a los malos políticos. Loja ya dio el ejemplo. Que las redes abandonen lo virtual: actuar con la familia, amigos y conocidos, buscar un punto de recolección de firmas y participar efectivamente en política. Hay que materializar el mensaje que en redes sociales está claro: Quito se merece respeto. (O)

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