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Ecuador/Vie.30/Jul/2021

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Maria Paz Jervis

Reapertura de colegios: una urgencia en el Ecuador

22 de febrero de 2021 00:00

Una de las frases más clichés que estamos acostumbrados a escuchar es que los niños y niñas son el futuro; que la infancia es la esperanza de toda sociedad. Sobre todo, estas frases son frecuentes en políticos y aspirantes a cargos públicos. Más allá de lo común que resulten las expresiones son afirmaciones acertadas.  Evidentemente en el futuro serán las niñas y niños de ahora quienes gobiernen, decidan y lideren. Pues ellos serán adultos y nosotros seremos muy ancianos o ya habremos muerto.

La razón fundamental para insistir en la protección a niñas, niños y adolescentes es porque su juventud les hace más vulnerables. Al encontrarse en período de formación, todas las experiencias que viven y los sentimientos que tienen van a determinar su capacidad de interrelacionarse y de manejar sus emociones en el futuro.

Bajo esta reflexión no intento en lo absoluto generar una red de sobreprotección sobre nuestra infancia. Pues uno de los conceptos que se ha acuñado por la psicología en la década de los noventa es la hiperparentalidad que consiste en padres y madres super controladores que crean un espacio de confort, seguridad y felicidad alrededor de los hijos. Evitando así que enfrenten la vida, con las alegrías y las frustraciones que conlleva.

Este fenómeno al que me refiero es una de los tantos problemas sociales que enfrentamos en la crianza actual y definitivamente no planteo que sea el modelo a seguir, más bien como madre y como educadora creo que debemos estar alerta para no incurrir en ese tipo de conductas que deriva en adultos inseguros e infelices. Pero volviendo al inicio de esta reflexión, hay que reconocer que los más jóvenes necesitan más protección y no solo por parte de sus familias sino por parte del Estado.

En el Estado ecuatoriano las niñas, niños y adolescentes no ocupan un lugar relevante. Al margen de las instituciones legales y los cuerpos normativos desarrollados para su protección, en estos 11 meses de pandemia hemos visto que la sociedad ha relegado al último lugar de las propiedades el desarrollo y el bienestar de nuestros hijos e hijas.

La pandemia nos obligó a tomar medidas urgentes y desesperadas frente a la vida cotidianidad. Pasado el shock de las primeras semanas de confinamiento no vimos decisiones públicas que sitúen a la infancia y a la juventud en las prioridades, pero tampoco lo hizo el resto de la sociedad. Y un ejemplo en concreto es que se volvió más urgente la reapertura de los bares y de los restaurantes que la de los colegios. Ambos espacios generan un nivel de riesgo en el contagio y ambos generan actividad económica que al fin del día abona al bienestar de las familias.

Pero no hemos entendido, como sí lo ha hecho el resto del mundo, que las escuelas y los colegios son el lugar donde transcurre la vida, el desarrollo y en muchos casos el único lugar seguro de los niños, las niñas y adolescentes.

Mientras ellos no sean prioridad, nada en esta sociedad va a cambiar. Ahora sí debo repetir que ellos son el futuro y también recordarles que son nuestro presente.

 

 

 

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