Quito, por la revocatoria

- 06 de junio de 2018 - 00:00

Inaudito que ahora el Alcalde diga que no ha podido cumplir con sus ofertas de campaña, porque el “correísmo” no le permitió gobernar la ciudad. Los concejales AP, ex-AP, no han sido lo suficientemente críticos con lo que ha sucedido, quizás por temor en un inicio de que se diga que están obstruyendo al Alcalde. Pero sea como sea, es inaudito oír los argumentos de quien no ha podido administrar la ciudad como se debe.

Desde hace tres años, varias veces, en este espacio lo dijimos, que las propuestas del candidato no eran viables, tanto desde lo técnico como desde lo político, porque simplemente lo que pretendía era desarmar los avances, no solo de la anterior administración, sino del trabajo que se ha hecho en la ciudad durante décadas. Bajo la consigna de que se había implementado una cultura autoritaria, de que faltaba diálogo, que había excesivas multas, demasiados impuestos, el Alcalde pensó que podía construir un modelo de ciudad.

Lo que ocurrió es que esas premisas le sirvieron para captar a un sector de la clase media disconforme con lo que sea y que vio su oportunidad de comportarse como le da la gana. Y el resultado del error político-electoral está a la vista. La infraestructura de la ciudad en decadencia, un irrespeto a lo público en todas sus formas. Administraciones zonales sin rumbo alguno. Presunción de casos de corrupción.

Tres años de campaña de ofrecimientos con nulos resultados. Por lo tanto, no podemos darnos el lujo de permanecer un año más en estas condiciones: sin visión para la ciudad-capital. En ejercicio pleno de los derechos como ciudadanos debemos pronunciarnos sobre lo que pasa en nuestra ciudad y exigir que se pare este descalabro que nos tomará años en recuperar lo perdido.

Este es un ejemplo de que la ideología y la política claro que cuentan. Que caer bajo los efectos del marketing político, de quienes venden productos y no propuestas, llegan a violentar los derechos humanos, nuestro derecho a la ciudad.

Tremenda lección para los quiteños, y que no es aceptable decir que “mejor acabe y se vaya”. En un año los destrozos pueden ser mayores. No podemos aceptar la improvisación como política pública. Un ejemplo más del neoliberalismo fracasado. (O)