¿Quién es Vladimir V. Putin?

- 04 de marzo de 2015 - 00:00

“¿Qué es mejor, el comunismo o el capitalismo de bandidos?”. No fue una pregunta retórica, más bien corresponde a la clásica de cualquier callejón desolado: “La billetera o la vida”. Se la hicieron a Tony Blair, Anatoly Chubais (la mente privatizadora a lo bestia de los bienes de la ex-URSS) y Boris Nemtsov (fue asesinado el pasado 27 de febrero), en 1997, aquel respondió que prefería lo segundo; por supuesto no era su país. Los preguntones bailaron en una pata, era lo que ocurría en lo que fue la Unión Soviética y era lo que ellos propiciaban. El diálogo es contado por David Hoffman, en su libro The Oligarchs (Los oligarcas), citado por Peter Truscott, en la biografía de Vladimir V. Putin.

El axê más íntimo de un revolucionario, mujer u hombre, es una mezcla contradictoria entre lo romántico de la justicia social, la honestidad implacable y cierta avidez desalmada por el poder político. Esa química de emociones, sentimientos, pragmatismo y afectos inquebrantables consumirán al líder revolucionario hasta el último minuto de su vida. Además, él (o ella) vive y actúa dentro, muy dentro, de una sociedad determinada y tiene debajo de la almohada El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo, con un señalador en el capítulo XIX y los resaltados tienen destellos para nunca olvidar. Los biógrafos de estas personalidades suelen ser imprecisos, algo así como apuntarle al cura y acertarle al campanario (gracias, R. Bonafont).

El 20 de diciembre de 1917, fecha de creación de la Cheká, la gestión del gobierno de los bolcheviques se evaporaba en todo el moribundo imperio ruso, incluyendo Moscú y Petrogrado. Cheká son las siglas en ruso de Comisión Extraordinaria Panrusa para Enfrentar la Contrarrevolución y el Sabotaje. Después se agregarían otras funciones, por lo cual organización (dañado su idealismo) y denominación se volvieron inmanejables. Se cometieron acciones ilegales, incluyendo asesinatos.

La teoría leninista de la defensa del Estado gobernado por un grupo de revolucionarios estuvo en El Estado y la revolución, escrito entre agosto y septiembre de 1917, un texto de coyuntura y no por ello imprescindible para lo que vendría después. Se basa en los análisis realizados por Karl Marx a La Comuna de París y publicados en diferentes libros, por citar uno de ellos, La guerra civil en Francia. Esa antítesis fue entre “el Imperio (francés, JME) y La Comuna”. Hasta ese diciembre la inquietud de la conducción política bolchevique debía ser que la Revolución de Octubre (de acuerdo al calendario juliano, vigente en el imperio ruso) no pareciera otro ‘asalto al cielo’.

No fueron sus años de clandestinaje y devoción revolucionaria por lo cual se le encargó dirigir la Cheká a Félix E. Dzerzhinsky; él era un asceta. Esa conducta ejemplar era obligatoria en esos años de escasez. La frase fundacional de la Cheká, hasta hoy juramento de chequistas, fue: “Manos limpias, corazón ardiente, mente fría”. De ahí viene Vladimir V. Putin.