¿Qué v... vamos a saber?

- 07 de abril de 2020 - 00:00

Platón diría que he escrito esto con mi alma concupiscible. Desde la panza. De ahí viene la palabrita. ¿Pero por qué deberíamos saber de dónde viene la expresión “concupiscible”? En realidad, nadie está obligado a nada per se. El término “obligatorio” es un término deóntico (el lenguaje de los deberes), de modo que depende de un cierto tipo de discurso (el discurso prescriptivo).

Imagínese usted, querido lector, que tiene frente a sí a un abogado que no sabe qué significa el vocablo “obligatorio”. Peor aún, imagínese que se trata de un abogado que no solo que no sabe, sino que no quiere saber. Alguien, digámoslo así, que se regodea en su ignorancia. Alguien capaz de decirle que si usted tiene, por ejemplo, una inquietud histórica (en el plano diacrónico, este es también trabajo de abogado), un problema sobre la eficacia de las leyes en el tiempo, usted debe buscar asesoría en otro lado.

Pues bien, hace pocos días una estudiante universitaria (de una universidad quiteña que no nombro por respeto) le ha respondido a su profesor, en su clase virtual, a una pregunta histórica, lo siguiente: “Ay, señor. Yo qué sé, yo ni nacía. Preguntan h..., ch.... Apenas tenemos 20-25 años. ¿Qué v... vamos a saber?”. Así como se lee. La mayoría de la gente del ámbito académico se ha indignado con razón. Aunque alguno, fuera de la Academia, ha dicho que la formación del abogado debería dejar de lado esto: habría que perdonarles estas “fallas” a los estudiantes, porque los estudiantes de derecho deberían aprender, ante todo, a escribir un mail o a preparar una entrevista (así, su abogado a la carta, un ignorante supino; pero, como en cualquier reguetón: “calle, pero elegante”).

Estoy indignado, molesto. Las palabras no alcanzan en una columna de periódico. Pero no solo porque quisiera defender la profesión del abogado (tan venida a menos), sino también porque estoy seguro de que las miserias más grandes del mundo se repiten a causa de aquellos que no saben lo que sucedió antes de sus días: ellos, al ser mayoría, revolcados en su ignorancia, nos revuelcan en el pasado. Un pasado que para ellos es el presente y el futuro, un tiempo que es “tres veces el mismo”, ignorantes de ayer y hoy, de mañana si es posible. (O)

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