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Ecuador/Dom.26/Sep/2021

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Mariana Velasco

Pórticos de la vida

01 de septiembre de 2021 00:50

Es una abertura que permite entrar y salir, es considerada un símbolo universal que implica una transición de un lugar, de un estado, de un nivel a otro o entre luces y sombras. Se trata de un punto de acceso a una realidad diferente, superior o inferior: la luz y la obscuridad, la vida y la muerte, la ignorancia y sabiduría, la culpa y el perdón, el cielo y el infierno.

La puerta siempre nos anima al viaje, nos aventura al misterio. Y qué decir de los pórticos del pensamiento y la mente que convierten los accesos en bocas por las cuales la energía vital encuentra su camino hacia el interior. En las tumbas, se construía una portezuela para que el alma del difunto pudiera trasladarse tanto en una dirección como en la otra.

Desde lo espiritual, las puertas son entradas para personas o situaciones que pueden dañar, o al revés, para la llegada de bendiciones. En este mundo hay accesos que debe cerrar como medida de seguridad y cuando la conexión se ha roto. En otros casos, se debe abrir para recibir la gloria de Dios.

La Biblia habla de ‘las puertas de los cielos’ a través de las cuales se ingresa al reino de los cielos, a la salvación, a la vida eterna: ’Yo soy la puerta, si alguno entra por mí, estará salvado’ (Juan 10,9), lo cual alude a ese estado espiritual en el que Jesús iniciaba a sus seguidores.

En el mismo cartujo, nos recuerda que no todas las puertas son dichosas. Como es el caso de la muerte y las del infierno. El regreso de Cristo se anuncia con las frases: ‘El hijo del hombre está a la puerta’ y ‘mira que estoy a la puerta y llamo.’

En el Vaticano, puertas y llaves aparecen como símbolos emblemáticos y el Papa realiza rituales relacionados con abrir ciertas puertas. Son simbólicas. Para los creyentes, representan el paso del pecado a la redención, de la muerte a la vida. La Iglesia recuerda que sus tornos marcan el límite entre lo profano y sacro. En el catolicismo:” yo soy la puerta; el que por mí entrare, sería salvo”, tiene peso y con el papa Francisco, las puertas de la fe, recobran fuerza.

Mientras que la puerta de los ritos masones es muy baja con el fin de que el profano tenga que encorvarse para poder entrar al interior del templo. No se trata de un acto de humildad, sino que denota la dificultad existente entre el plano profano y el iniciático. Es la ‘Puerta de Occidente’, la dirección por la cual el sol se apaga, la luz desaparece y todo queda en tinieblas. Se trata de un mundo secreto y desconocido para el resto de los mortales.

Las siete artes liberales reciben la denominación de’ las siete puertas’ a través de las cuales el artista accede a la iluminación y sabiduría. Todos los jardines y huertos de la alquimia medieval tenían una sola puerta de acceso que estaba cerrada para que los conocimientos no se difundieran en el mundo. Muy pocos tenían en su poder la clave para abrirla. Hoy, en un mundo globalizado, basta un click para de par en par, abrir todas las escotillas deseadas.

En el ámbito energético, hay quienes comparan las siete chacras principales del cuerpo humano-centros energéticos según la antigua medicina india- con siete puertas que poseen las personas y  cuya tarea es aprender a abrir y  cerrar para estar en armonía.

También hay de los que creen que la puerta roja significa protección divina, suerte y buen estatus financiero. En la antigua América colonial, una de este color era símbolo de refugio seguro. Hay puertas y puertas. Unas, mudas testigos de amores, sombras, alegrías, tristezas, milagros y miserias. Otras, permiten libre circulación: pasar, entrar, salir, tanto en la tierra como en el cielo. Jerusalén tiene doce. La ‘Puerta de Alcalá’ de la orgullosa Madrid y otras tantas que atravesamos, sin mencionar las ‘Puertas Santas’ que se abren después del año jubilar.

De forma figurada, las puertas son la gloria de la ciudad y de la vida de sus habitantes al ser el lugar más público de la aldea o la metrópoli; al despedir o recibir y al mismo tiempo ser testigos de la única certeza de la vida. También cumplen una función estética al permitir crear una impresión de lo que está más allá. Hay de las otras, de aquellas que se cierran al amor, bloqueando los puntos más débiles de los muros del cerebro y corazón.

Esas puertas, sujetas con bisagras que les permite girar, cerrar y obstruir el paso de sus dominios, evocan imágenes del amor filial al despedir o recibir a sus vástagos. Y qué decir cuando el hijo sin palabras, contempla el paso fúnebre de sus progenitores hacia la morada eterna. 

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