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El Telégrafo
Emir Sader

Por un mundo multipolar

30 de marzo de 2014 - 00:00

Entre las trasformaciones que el mundo ha sufrido en las últimas décadas, una que tuvo las más grandes consecuencias es el paso del mundo bipolar al  unipolar, bajo hegemonía imperial estadounidense. El fin de la Guerra Fría trajo no solo la derrota, sino la desaparición del campo socialista, abriendo paso a la hegemonía de la única superpotencia: EE.UU. El que fue anunciado como el tiempo de la Pax Americana se muestra como un tiempo de guerras, en que EE.UU. se vale de la inexistencia de otro campo que ponga límites, para resolver todos los conflictos con su militarización, con el uso de su superioridad en el plano de la violencia. Fue así en Afganistán, Irak y Libia.

La lucha por un mundo de paz, de resolución pacífica de los conflictos es, así, una lucha por la quiebra de la hegemonía imperial norteamericana. Es la lucha por un mundo multipolar.

Cuando América del Sur crea un Consejo Sudamericano de Defensa está contribuyendo a la resolución pacífica de los conflictos, como lo ha hecho en el caso de la relación de Colombia con Ecuador y Venezuela, así como en el intento separatista en Bolivia.

El rol de las fuerzas políticas en el mundo actual se define por la posición que tienen respecto a la hegemonía imperial norte-americana. Los gobiernos de Europa, por ejemplo, son parte integrante del bloque de fuerzas comandado por EE.UU., se comportan como sus aliados fieles, rol similar al de Japón, Israel, entre otros.

Frente a ese marco, toda fuerza que, por alineamiento político e ideológico o simplemente en la defensa de sus intereses nacionales, se enfrenta a la hegemonía estadunidense, desempeña un rol positivo, favorable al surgimiento de un mundo multipolar. 

Son los casos de gobiernos como Rusia, China, Irán, Siria, entre otros. Amenazados por la política agresiva de  EE.UU. que busca imponerles sus intereses por medio de formas violentas,  constituyen alianzas para ello, y buscan debilitar la capacidad de reacción de  EE.UU. Independiente de las razones que los mueve e incluso de la naturaleza de sus regímenes políticos, en el plan internacional son aliados de los que luchan contra la dominación imperial norteamericana y buscan la construcción de un mundo multipolar.

Hasta hace poco los  EE.UU habían logrado las condiciones políticas, internas e internacionales, para transferir los conflictos para el plan militar y resolver a su favor. A partir del conflicto con Siria, la situación ha empezado a cambiar. El gobierno de Obama no logró siquiera el apoyo de Gran Bretaña, tampoco el apoyo de los militares norteamericanos y de la opinión pública interna. Tuvo que aceptar los términos de la negociación política del conflicto, al que se agregaron las negociaciones con el nuevo gobierno de Irán. Han tenido que abandonar las amenazas de bombardeo de Siria, al tiempo  que han aflojado las medidas de bloqueo a Irán. Actitudes que, de forma automática, han aislado a Israel y Arabia Saudita, antes estrechos e incondicionales aliados de  EE.UU.

Se ha abierto una nueva conjuntura internacional, donde Rusia surgió como un actor importante. La crisis de Ucrania y la anexión de Crimea a  Rusia ya son parte de ese nuevo escenario, en que se debilita la capacidad norteamericana de imposición militar de sus intereses.  
EE.UU. sigue siendo la única superpotencia en escala mundial, pero ya no encuentra las facilidades que tenía desde que surgió como potencia vencedora de la guerra fría para imponerse en el mundo.

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