Polaridad

- 23 de agosto de 2018 - 00:00

Casi todos los días, almorzamos juntos varios compañeros académicos de la Espae Espol, lo cual nos da un espacio para conversar sobre diferentes tópicos. Hoy me preguntaron abiertamente: ¿Toño, volverías a votar por Rafael Correa? Estoy acostumbrado a hacer rápidamente juicios de valor, por lo cual consideré que era una pregunta ingenua y honesta, hecha por una colega a quien tengo afecto y respeto. Y estuve muy tentado a rehuir la pregunta.

Finalmente, ¿quién soy yo: un militante de izquierda o un académico que enseña principalmente ética en los negocios y que, en más de 50 años de tener una cuenta bancaria, nunca he girado un cheque sin fondos? Y soy y defiendo al empresario honesto consigo mismo y con su entorno.

Detesto a los corruptos y en lo posible los combato, especialmente si son servidores públicos. Pero vivimos en un ambiente de constante y creciente polaridad. Las cosas son blancas o negras; son tan como nosotros o como aquellos; son tan buenos o tan malos; somos correístas o totalmente anticorreístas. No hay término medio, no hay gris, simplemente hay polaridad. La polaridad es un estado donde dos ideas u opiniones son completamente opuestas la una de la otra; una oposición diametral.

¿De qué lado están ustedes? Están sin opción a equivocarse y sin duda alguna contra la guerra, a favor del aborto, contra la pena de muerte, a favor de las fronteras abiertas y de pronto: correísta. O, por el contrario, en forma absoluta y sin concesiones a favor de la guerra, a favor de la vida y en contra del aborto, a favor de la pena de muerte, en contra de los inmigrantes y definitivamente: anticorreísta. Y es con todo o nada; estás con nosotros o contra nosotros. Esa es la polaridad.

El problema con la polaridad y los absolutos es que eliminan la individualidad de nuestra experiencia humana y eso hace que sea contradictorio con nuestra naturaleza y esencia personal. Nos empujan hacia dos direcciones opuestas, que no es realmente donde existimos; no es nuestra realidad. Creo que lo contrario de la polaridad es la dualidad, que es un estado de dos partes, pero no en oposición diametral, sino en existencia simultánea. ¿No creen que sea posible?  Para mí no es una utopía inalcanzable.

Conozco a católicos a favor del aborto (yo soy uno de ellos), a veteranos del Ejército en contra de la guerra, curas que no creen en el celibato. Esas son las personas que conozco, esos son mis amigos y familiares, es decir, nuestra sociedad, que son ustedes y soy yo. La dualidad es la capacidad de mantener ambas cosas. Pero la pregunta es: ¿Podemos mantener nuestra dualidad? ¿Podemos tener el coraje de mantener ambas cosas? (O)