La vuelta del entrenador

- 30 de agosto de 2018 - 00:00

Este fin de semana el ecuatoriano Paúl Ruiz ganó el Pokémon Championship 2018 en Tennessee, Ecuador. Ruiz es el primer “entrenador Pokémon” ecuatoriano en proclamarse campeón mundial en la competencia del videojuego de Pokémon. Más aún, es el primer latinoamericano. A mí me llena de orgullo, no solo por ese peculiar sentimiento patrio de subirnos a la camioneta ganadora que tenemos los “ecuas”, sino porque la única constante de mis tres décadas de vida ha sido Pokémon. Y como todo no millennial que creció jugando Pokémon, sigue jugando Pokémon, e inculca a sus hijos jugar y ver Pokémon, siente el triunfo de Ruiz como la justa reivindicación a una vida de, lo que los envidiosos catalogarían, vicio. Esta es una defensa del juego y de la conquista de Paúl Ruiz.

Sí, Pokémon es solo un juego, pero si hay fanáticos homofóbicos dispuestos a desahogar sus frustraciones en el estadio y lo hemos normalizado, dedicarle tiempo a la franquicia mediática más grande del mundo debería ser una buena alternativa. Y para los padres preocupados que limitan el tiempo que sus hijos pasan frente a la pantalla, hay estudios que demuestran que, si bien la TV tiene efectos contraproducentes en los niños, los videojuegos parece que, en el peor de los casos, no tienen efecto alguno. Seguro que más saludable es salir a correr por el parque o leer un libro o jugar con una pelota, pero hay una dinámica de estrategia, constancia, responsabilidad y paciencia, lo que hace de Pokémon un juego más complejo de lo que parece.

El videojuego de Pokémon es un juego a base de turnos donde cada jugador tiene un equipo de máximo seis pokémones, cada uno con cuatro opciones de movimientos.

Llevar los pokémones a niveles competitivos requiere de constancia y paciencia. Requiere “criarlos” y “entrenarlos”. Ambos procesos toman tiempo.

Lo cual nos termina llevando a niveles de responsabilidad que están relacionados a cualquier competencia del nivel ganada por Ruiz. La responsabilidad de entrenar. La responsabilidad de llegar. Y luego la responsabilidad de volver. En un tuit después de su victoria, Paúl Ruiz dijo sentirse feliz “por vivir el sueño”, pero que ya estaba de regreso en Ecuador porque “las responsabilidades son reales, y el lunes hay que trabajar”.

La vuelta del entrenador Pokémon, similar a la del músico, es una donde la gloria queda en el escenario. Para que no sea tan efímera, ¡salud, campeón! (O) 

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