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El Telégrafo
Ximena Ortiz Crespo

Pensando fuera de la caja

20 de agosto de 2022 - 00:00

¿Cómo enseñamos en el aula que la condición sin equa non del conocimiento es la capacidad de sopesar teorías con las que podemos no estar de acuerdo? ¿Y cómo enseñamos para la vida si no confrontamos a nuestros estudiantes mostrándoles que hay en el mundo maneras de pensar, creencias y perspectivas que no coinciden con las de ellos?.Para guiarlos académica y moralmente, tenemos que mostrarles la importancia de mantener sus mentes abiertas, libres de prejuicios y juicios a priori. Esa es la condición básica para que ellos puedan aprender. 

La voluntad de ponderar conocimientos, experiencias, creencias, valores, perspectivas que difieren de las propias permite al estudiante lanzarse a explorar el mundo del conocimiento. Tener la mente abierta significa estar receptivo a vivir, a experimentar,  y a conocer a los demás. Sólo así se alcanza el máximo potencial humano. Los autores que investigan las características de un/a líder lo prueban al afirmar que las principales dotes son la originalidad de concepciones y la flexibilidad de adaptarse a situaciones que cambian de forma continua.

La tarea de “abrir” mentes es difícil, pero de primordial importancia en una época  de cambios y rupturas como la que vivimos; en un época en la que podemos ver, más que en las anteriores, las divisiones en la sociedad, la polarización, los fanatismos renovados, y observar cómo estas fracturas inciden en la supervivencia misma de los regímenes democráticos. La estabilidad y la paz común, bien podrían depender de que los que nos gobiernan sean flexiblesy tomen en cuenta la opinión de sus opositores.

Ponerse en los zapatos del prójimo es un ejercicio indispensable en el aula. Es fundamental enseñar a comprender cómo los factores contextuales (económicos, históricos, religiosos, geográficos, políticos y tecnológicos) dan forma a la manera en que las personas piensan y viven. Aún si viven en su mismo vecindario, región o país. Con las tecnologías actuales, el aula se convierte en un laboratorio para conocer realidades diferentes a las que ellos experimentan. Vale la pena el esfuerzo de usar realidades virtuales para mejorar la calidad de la educación humanística.

Por ello, hay que estar atentos. Los estudiantes urbanos están acostumbrados a juzgar de inmediato cuando ven una imagen que nos se acopla a su propia experiencia, cuando escuchan historias de realidades diferentes o cuando constatan costumbres que no conocen. Sus comentarios son algo así como: “¡Full raras esas personas!” o ¿Por qué viven en chozas los indígenas del páramo o de la selva cuando ellos viven en casas de cemento? ¿Por qué las mujeres campesinas cargan a  sus bebés a la espalda en lugar de llevarlos en un coche? ¿Por qué sus compañeros piden la bendición a sus padres? ¿Por qué la gente responde “mande” cuando les llaman sus mayores? ¿Por qué las mujeres del primer mundo viven solas a partir de los 18 años? O ¿por qué en España una cuarta parte de las mujeres no quieren tener hijos?

Los padres y maestros deben mostrar a los jóvenes los contextos en los que se crean costumbres o hábitos diferentes; lo mismo que mostrarles la importancia de entender antes de juzgar. Los norteamericanos promueven culturalmente el hábito de “withold judgement”. Entre las tareas que enviamos a los estudiantes, -que saben más que nosotros cómo está de interconectado el mundo-, debemos proporcionarles  experiencias para que aprecien la diversidad de la conducta y de las creencias humanas.

Algunas estrategias para enseñar a tener la mente abierta nos propone la educadora Merry Merryfield, experta en estudios sociales: (1) Hacer que la interacción intercultural sea frecuente, utilizando recursos como documentales y películas; invitando a personas de diferente cultura a visitar la clase y llevando a los jóvenes a lugares donde la gente vive de forma diferente; (2) Cuestionar los estereotipos, los prejuicios y las generalizaciones excesivas cada vez que se explicitan en el aula, cuando existen circunstancias en las que salen a flote los regionalismos, fanatismos, dogmatismos racismos, la xenofobia, o los machismos; (3) Demostrar cómo aprendemos de la gente común y corriente; y (4) Enseñar el hábito de buscar múltiples perspectivas al analizar un hecho.

El tener mente abierta se relaciona íntimamente con la humildad intelectual que debemos transmitir a través del ejemplo a nuestros estudiantes. Lo que significa cuestionar de forma continua si tienen fundamento nuestras propias creencias y opiniones. Los investigadores sobre la enseñanza de la mente abierta apuntan como estrategias claves el promover que los jóvenes viajen y experimenten culturas diferentes, lo mismo que el aprendizaje de un idioma extranjero  y la lectura de libros de ficción. Con esas actividades pueden experimentar otras formas de ver la realidad. Enseñar a tener la mente abierta es trasmitir la necesidad de que cuestionarse y de adquirir conocimiento a través de la experiencia propia y la rica experiencia de los demás. Pensar crítica y racionalmente depende de tener una mente abierta , con la que además, un ser humano se vuelve más empático hacia los de su especie.

 

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