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Ecuador/Sáb.12/Jun/2021

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Felipe Rodríguez

Pendejatones

22 de marzo de 2021 07:29

 ¿Les ha pasado que hay algo en lo que piensan a diario, pero por tan escasos segundos cada vez, que luego se les olvida gritarlo? Pues me cansé de olvidar. Por tan vano y simplón que parezca este asuntillo, ser radical y sanguinario al respecto es liberador. Así que ahí vamos. Abra la mente e imagine la siguiente escena:

Una noche sale tarde de la oficina (después de 15 horas de arduo trabajo para mantener a su familia), toma su carro y bajo la luz de la luna se dirige a su hogar. ¿La velocidad? La que las normas imponen. ¿Su aliento? Libre de alcohol. De repente, justo bajo un puente peatonal, se le cruza un bulto. Logra ver la última expresión de un rostro cuyo asustado dueño deberá ser sacado con espátula del pavimento.  

Lo que viene a continuación es como una pesadilla difuminada por el despertar. Palpitantes luces rojas y azules, un tumulto enardecido de vecinos pateando la puerta de su carro, policías armados rodeándole y a la distancia un plástico negro ocultando la vida que se fue, pero sin que exista otro para tapar otra vida que se va: la suya.

De la pesadilla al infierno hay milésimas de segundo. Su nueva casa esta rodeada de barrotes. La próxima vez que trabaje 15 horas será haciendo figuritas de papel maché en Latacunga, por los próximos 8 años.

Y no, no hacía falta hacer añicos al cretino que se cruzó en la vía para descubrir carecía de masa encefálica. Esta es la realidad de cientos de ecuatorianos, cuya existencia se diluye en la miseria de las cárceles por culpa de un peatón que infringe las normas escritas. Repita bien alto: “los peatones destruyen vidas”.

Es puente, no túnel, entonces se puede ver. En medio de las carreteras, cual Trump, se levantan vallas y murallas. ¿Subir al puente o escalar la pared? El pendejón, cual animalito, elige jugar al andinismo. ¿Y los agentes de tránsito? Pues pidiendo matrículas a los conductores y haciéndose de la vista gorda ante los pendejatones.

Esto debe terminar. Hoy estoy draconiano, punitivista y hasta simbólico. Debería imponerse una multa de dos mil dólares al peatón que cruza por donde no debe. Y no me vengan con que la multa está exagerada. Es preferible quebrarles la economía antes que el esternón. A veces, la letra con sangre sí entra.

Esto jurídicamente se llama “competencia de la víctima” y “auto-puesta en peligro”. El Derecho no puede ser represivo con quien conduce responsablemente porque mata a quien cruza irresponsablemente.

¿Quién me apoya? Quizá sí, estoy un poco demente hoy. Pero quizá no me equivoque cuando diga que lo pendejatón no se quita con cívica, sino con garrote legal. (O)

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