Que los políticos vuelvan a temer

- 26 de octubre de 2018 - 00:00

Es un desgobierno. Y si bien tanto los actuales como los anteriores encargados de gobernar deben responder por el país en que vivimos, a lo mejor también viene siendo hora de proponer alternativas de participación política ciudadana. Al final, somos nosotros quienes los elegimos.

Somos nosotros quienes votamos cada 4 años y esperamos en el intermedio que los golpes que nos lleguen no sean tan terribles. Somos buenos para quejarnos y criticar, incluso somos buenos para delegar la función pública “por lo podrido que está todo”, pero no somos tan buenos para participar en los procesos políticos como miembros activos de nuestras comunidades, desde donde se demanda, vigila, castiga y recompensa a quienes nos representan.

La verticalidad, el centralismo y el hermetismo de la política ecuatoriana no ayudan a esta participación. Tampoco ayudan a un proceso de institucionalización de los procesos democráticos. Los mandamases son mandamases, los intocables son intocables, y no parece que hay mucho por hacer. Como ciudadanos tampoco sentimos que exista mucho por hacer, más que esperar las siguientes elecciones y jugar una lotería política en la que siempre parece que perdemos.

Y a lo mejor no exista mucho por hacer. Ahí, arriba. Porque arriba todavía los políticos se sienten intocables. Arriba no hay consecuencia directa de sus acciones. No sienten la necesidad de responder ante sus mandantes. No temen a sus representados. Cambiar eso no es inmediato (y como sociedad parece que solo buscamos la inmediatez política, el mesías antes que el proceso). Pero es posible.

Es posible si primero estamos dispuestos a retomar los espacios de participación política al nivel más bajo. Es decir, si estamos dispuestos a organizarnos para presionar a quienes deciden sobre lo que nos afecta de manera más inmediata (en las circunscripciones urbanas o en las juntas parroquiales rurales), y quienes terminan por valorar más cada voto (puesto que hay menos votos que están en disputa). Es ahí donde la presión ciudadana debe comenzar.

Donde la organización ciudadana debe controlar que se cumpla lo que se ha propuesto, que se vote como se les ha delegado votar, y que se castigue (con el voto, con la propia participación política) a quienes no están a la altura de representarnos. Al final, lo políticos solo buscan reelegirse, y solo pueden hacerlo a través nuestro. Vale la pena que los políticos vuelvan a temer un poco al pueblo. (O)