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Tatiana Hidrovo Quiñónez

Pandemia: el gallo y el trompetista

04 de marzo de 2021 00:00

Siempre recordaré dos voces trayendo mensajes de vida durante los días del marzo pandémico, cuando se enseñoreó la muerte: El uno era un tenor alado, el otro un artista del viento. Cuando los escuché, supe que no todo estaba perdido, la vida cantaba y había que oírla. No siempre oímos a la vida. La muerte no se oye, la vida sí.

El ser alado. - Detrás de la ventana de mi pequeña Calcuta había caído el silencio como una espada apagando todas las voces de la detestable bullanguería comercial. Eran los días de marzo de 2020, 5 de la tarde. Muerte, miedo y silencio. El vacío era tenebroso, aunque bello. De repente irrumpió la voz de un gallo. Los gallos no cantan a las cinco de la tarde, este parecía un mensajero avisando la llegada de un nuevo tiempo, de un nuevo reloj. Cualquier ateo podría haberse convertido en místico, ante la voz de aquel Señor polifónico, que entonaba tan nítido, tan vibrante, tan sostenido, tan armónico, tan bello hasta las lágrimas. Ningún artificio entre él y yo, solo el espacio y la sincronía entre su canto y mi tímpano, sin cables, ni audífonos. Ese día me eché sobre la vida.

El artista del viento. - Mientras el gallo cantaba, de repente: rin, rin.

-Aló. Hola. ¿Quién es?

-Soy Édgar.

-Tú, Édgar Palacios, el Maestro.

-Sí. Mira, estoy componiendo las canciones de mi próximo concierto que será aquí en Quito, creo en junio. Quiero que me des la copia del poema de tu padre, Horacio, sobre Víctor Jara. La otra canción será el réquiem a Jaime Roldós Aguilera.

La voz de Édgar Palacios (1940) era más joven que la de un millennials, tenía el brillo de los que han alcanzado la sabiduría. El drama y el horror eran enfrentados con la creación. Días después llegaron las maravillosas composiciones musicales del admirable maestro ecuatoriano, que se suman a la lista de 150 armonías y a su inigualable obra artística social, realizada con niños especiales, a los que ha convertido en seres musicales (Orquesta Sinamune).

Este escrito es un registro a mano alzada del estremecimiento que me causó la muerte de miles de seres en el mundo por efecto de la pandemia; pero a la vez, de la conmoción que me generaron dos almas que comprenden la vida como eco infinito. Édgar es de los que paren música moviendo el viento con una trompeta. También el gallo cósmico mueve el viento.

Gracias gallo humano y cantor. Gracias Édgar Palacios, pájaro de la trompeta mágica: ¡Cuánto te debemos!

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