¿Otro 'corazón de las tinieblas'?

- 01 de noviembre de 2017 - 00:00

Cuando Nicolás Jiménez y Estanislao Ponce, espirando humo glacial, hicieron sonar las aldabas en la casa de Isolina Weir, en Quito, era el principio del fin de unas negociaciones de compra-venta de territorios, al norte de la provincia de Esmeraldas, habían comenzado en 1869. Hubo una primera consolidación territorial en manos comunitarias, por 1880, pero el fallecimiento de Rufino Viteri detuvo las últimas conversaciones comerciales.

La gente, que más tarde se llamarían ‘Comuneros del Río Santiago’, envió a Nicolás y Estanislao para que volvieran con respuesta terminante y unas condiciones al alcance de sus antiguos anhelos. Después de semanas de navegación fluvial, reinaugurar antiguos caminos de montaña, caminar pasmados por desfiladeros de la cordillera y gastarse lo últimos pesos en caballos llegaban a donde debían llegar: a comprar libertad y territorialidad.

Isolina Weir no les vio apariencia de pobres, salvo la incomodidad climática, por eso ella juzgó que ya que estaban ahí era porque fortuna no les faltaba. 3.200 sucres era la cantidad que debían pagar por la tierra denominada Playa de Oro o Angostura. Y pagaron con oro y moneda nacional. La unidad sucre, de ese entonces, equivalía a 22,5 gramos de plata fina, para el cambio internacional a 5 francos de la Unidad Monetaria Latina. El 2 de junio de 1885, el pregonero Andrés Corozo comunicó, a grito pelado, a los habitantes del río Santiago la venta definitiva. Ahora se sabe que fueron 62.000 hectáreas salvadas por los comuneros, mujeres y hombres, del capitalismo racializado y racista. Aún dominante, vigente y feroz hasta este miércoles, pero mimetizado con la complicidad estatal.

La comuna Río Santiago-Cayapas fue (es) la culminación exitosa de las luchas políticas cimarronas ‘por todos los medios necesarios’: diplomáticos e insurgentes armados. Desde mediados del siglo XVIII, quizás un poco antes, la propuesta política antiesclavista fue tierra y libertad. La tierra con las minas y libertad para el desenvolvimiento de la vida en comunidad y sostener el estar bien colectivo. Nuevas urgencias emancipatorias o la probable influencia del republicanismo haitiano debió reorientar sus designios hacia la territorialidad e impulsos autonomistas como pueblo de origen africano de la costa pacífica, más tarde, colombo-ecuatoriana.

Ayer como hoy, u hoy como ayer: otros negreros con iguales angurrias del peor capitalismo del siglo XIX tienen sus víctimas con televisión satelital y otras emigrando, porque la hostilidad política trasladada a los procesos biogeográficos crea plusvalía de pocos. Una visión angustiosa y humillante del ‘corazón de las tinieblas’, pero en Esmeraldas, Ecuador. En la escritura del 30 de julio de 1864, la Ecuador Land Company recibió 100.000 cuadras cuadradas de territorio del norte esmeraldeño como pago de la deuda de la independencia con Inglaterra. En aquel tiempo, ahora es minería criminal para pagar, ¿qué deuda? (O)