Otra vez por la cornisa

- 15 de mayo de 2018 - 00:00

Argentina ha vuelto al Fondo y muchos han empezado a temblar. El fantasma de la crisis de 2001 asoma nuevamente. Tomar los llamados créditos stand by, esta vez son como $ 30.000 millones y que servirán, sobre todo, para garantizar pago de deuda es casi un suicidio  porque someterá a Argentina a un plan de “austeridad” fiscal, con costos enormes para los pobladores más desprotegidos. El Fondo exigirá aún más ajustes, controlará que se cumplan y la agitación social será pan de cada día.

Los ricos, quienes se benefician en medio del desbarajuste, verán acrecentadas sus fortunas porque sus papeles de deuda tenderán a subir de valor y como si fuera solo cuestión de un asiento contable, añadirán más ceros a sus cuentas bancarias, radicadas en el exterior.

El modelo es muy perverso y por eso en Argentina la gente se siente muy insegura. País rico, también por su gente que goza de extraordinarios niveles de educación, con una intelectualidad no solo referente en nuestra región. Pero ahí van, con esta suerte de vocación por la cornisa, transitan por ella con esa sensación de pesimismo y con la intermitente atracción por el vacío que empieza en la planta de los pies.

Macri ofreció todo lo contrario, él siguió un guion que, entre otros, fue diseñado por un ecuatoriano, Jaime Durán Barba, que le hizo decir que sería una época de prosperidad y mucha seguridad. A Durán Barba lo conocen a fondo en el  Sur, sobre todo por sus andadas y sus cínicos dichos. Frente al caso Maldonado, el dirigente campesino desaparecido, acusó a la familia Maldonado de estar demasiado “ideologizada”; cuando le hablan de la pobreza y la miseria en Argentina, pregunta con sorna: “¿Ha visto usted morir a alguien en plena calle?”.

También hace sus “chauchitas” acá, en nuestro país, asesorando a candidatos y políticos. Bien sabemos que se jactó de conseguirle un puestito a Mauricio Rodas, un niño bien que no sabía nada de la ciudad y que hoy lo padecemos como alcalde en Quito. Durán Barba siempre viene y siempre se va, no se arraiga, luce permanentemente como de paso. Pero si las cosas se complican mucho en Argentina, tierra que conquistó en calidad de asesor estrella de Macri, quizá deba buscar otros horizontes.

Ojalá no se le ocurra volver a fijar la mira en nuestras tierras, sería insoportable convivir con esa sonrisa chantada en cara tan burlona. (O)

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