Otra Constituyente

- 24 de marzo de 2019 - 00:00

Es curioso encontrar a tantas personalidades con el mismo origen partidario impulsando una misma causa. Otros lo hacen sin saberlo. Los une promocionar el voto nulo para, según ellos, socavar la legitimidad del CPCCS y presionar su eliminación. Coincido con lo segundo. Es urgente expulsar del sistema institucional a una figura creada para concentrar el poder.

Pero después de tanto debate sobre el voto, no parece suficiente con minar la legitimidad de un órgano convertido ahora en representativo, sino hasta quebrantar la aprobación popular del sistema de elecciones, del régimen representativo y del modelo institucional. ¿Para qué? Para crear las condiciones de rechazo al diseño constitucional y justificar la instalación de una asamblea constituyente que redistribuya los equilibrios de poder.

En Ecuador, los democristianos clásicos son expertos en constituyentes. Estuvieron detrás de las reformas de 1978 y de 1998. En la última de estas se coaligaron al socialcristianismo y al populismo cefepista que finalmente, en el último tramo, se quedó con la presidencia del órgano, incorporando a la socialdemocracia y al indigenismo que hicieron una nueva mayoría. De ahí nace una Constitución mixta, progresista en derechos. Luego se opusieron a la constituyente de 2008, a la nacionalsocialista de la revolución, porque tenían plena conciencia de sus consecuencias instrumentales. Ahora tienen la oportunidad de volver a rediseñar el Estado. Para esto buscan socavar la legitimidad del sistema representativo en general, no de un órgano en particular.

Actores públicos de altísima influencia y prestigio han manifestado su deseo de recorrer el país para conseguir las adhesiones ciudadanas suficientes para convocar a una consulta popular. De eso a una nueva constituyente estamos a un paso. Si esto último sucediera, los actores políticos serían casi los mismos y así otra vez refundaríamos la patria. Otra vez. (O)

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