El odio, la esencia del inculto

- 17 de junio de 2019 - 00:00

El odio, ese sentimiento de desprecio y necesidad imperante por ver caer a quien odiamos y ni conocemos, hizo metástasis en nuestra sociedad. Pero el odio solo encuentra refugio en mentes vacías, pues en cerebros cultos no hay espacio para la mezquindad. Voy a demostrarles, con un ejemplo real, cómo funciona el cerebro del odiador.

Hace unas semanas un tal Iván Moreira publicó en Twitter el siguiente texto: “¿@Lenin cómo es posible que una simple secretaria que trabaja con el Vocal del Consejo Directivo del IESS pueda viajar a Egipto y en primera clase? @FiscalíaEcuador debe investigar con qué dinero se están dando esta gran vida”.

El texto incluía la imagen de una mujer en Karnak (si mis conocimientos geográficos no fallan). Acto seguido el tweet se viralizó, hasta aclamados políticos exigían la cabeza de esta simple (vulgar) secretaria por “corrupta”.

¿Qué pasa si les digo que la de la foto no es ecuatoriana? ¿Qué pasa si les digo que sí es ecuatoriana pero no trabaja en el IESS? ¿Qué pasa si les digo que sí trabaja en el IESS pero ahorró por varios años para cumplir su sueño de conocer otro país? ¿Dónde están las evidencias de que viajó en primera clase? ¿Y si sí viajó en primera clase, qué le importa a usted, envidioso?

La verdad, no conozco ninguna de estas respuestas y no sé si esta mujer es real, inventada, corrupta, honesta o si la imagen es Photoshop. ¿Por qué carajos (perdón) se viraliza una publicación de hechos que a nadie le constan?

Y esa respuesta sí la sé. Se debe ser muy inculto y excesivamente ignorante para odiar a quien no se conoce. Quienes creen y comparten todo lo que ven en redes sociales no son más que vulgares integrantes de una horda enardecida, con antorchas en mano, del Medioevo, en pleno siglo XXI.

Dejen de creer en todo lo que leen. Dejen de creer que todo lo que publica un famoso, un denunciólogo, un profeta, un donnadie, es verdad. A la vida se la palpa de cerca, no se la ve de lejos. ¿Quieren dejar de odiar? Lean literatura, historia y filosofía, sean más profundos. Cuando lo logren, dejarán de odiar. Y por favor, dejen de culpar al correísmo.

Sostener que Correa les hizo odiadores demuestra que necesitaban de un mesías para justificar lo que verdaderamente son: una sociedad de Homo erectus haciéndose pasar por Homo sapiens. (O)