Obligados a la culpa

- 07 de agosto de 2020 - 00:00

Alvarito quiere presidencia. Otto ni se cuánto también. En tanto Guillermo Lasso no deja de insistir. Con ello Yaku, Balda, Páez, el “catalán” Romero, Galo Lara, Galo Cabanilla, Lucio, Gustavo Larrea, Guillermo Celi y más, muchos más, en un largo popurrí de nombres. Incluido el fantasma del correísmo. Algunos de ellos se autodefinieron precandidatos a la presidencia. Así como usted estimado lector, o como yo, nos definimos hincha de tal o cual equipo. Otros buscan ayuda para ser mencionados por terceros al servicio de la particular causa.

La estrategia: sondear a donde juega el número ¿Pero qué sondean? ¿Sus opciones? ¿Los problemas que nos embargan? Sabrá Dios... Las encuestadoras contratadas y voces cercanas, hacen su trabajo: la mayoría les dicen lo que quieren escuchar. Una información forzada a través de un desconocido e inoportuno número telefónico o por quien la consigue -con mascarilla de por medio- abordando al primero que encuentre con la clásica ¿De ser ahora las elecciones por quién usted votaría? En esas circunstancias -más que nunca- el resultado será a gusto de quien paga.

¿Pero ciertamente esos nombres que “suenan” importa a la mayoría de ecuatorianos en este momento? Creería que poco o menos que nada. La gente lo que ahora busca es no terminar más allá del fondo en que ahora se encuentran, recuperarse del dolor por la pérdida de sus seres queridos y amigos. Luchar por devolver a sus vidas la normalidad que el covid se las arrebató. Buscan un trabajo en medio de este desierto laboral. Pretenden hacer algo de dinero, buscan sobrevivir.

¿Y las elecciones de 2021? Por ahora es algo que solo les importa a quienes pagan por las encuestas y a quienes viven del negocio que se genera alrededor de una campaña. Una elección que se presagia diferente a todas. Tan ajena a nuestra memoria que aún nadie nos dice como realmente se van a desarrollar. En caso se den. Pero igual nos llaman a prepararnos. Nos dicen que se acerca la fecha de elegir y pensamos en ese papel que nos obliga a una culpa y que también nos sirve para justificar los fracasos del país con el lapidario: “nosotros los elegimos”. (O)

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