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Ecuador/Sáb.18/Sep/2021

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Xavier Guerrero Pérez

Nos equivocamos

15 de marzo de 2021 00:00

Sí. Nos equivocamos, me incluyo. Bueno, como consuelo puedo decir de que no somos máquinas con respuestas “o blanco o negro”. Somos humanos movidos por nuestra racionalidad, pero -esperanzadoramente- no condenados por ella.

Nos equivocamos cuando, desde nuestra posición en la sociedad (por citar: Chefs) aceptamos una “extraña” invitación para vacunarnos contra la covid-19 cuando no nos toca turno, o simplemente cuando nos “colamos” porque establecemos “la ley del más sabido” o porque “si hay quienes lo hacen, por qué nosotros no”, pisoteando así la Ley y anulando el Estado de Derecho.

Nos equivocamos cuando al “haberla regado”, en vez de -lo mínimo- disculparnos con la sociedad e ir hacia la implementación de medidas de reparación (como por ejemplo el compartir parte de mi patrimonio con los más vulnerables), o, en vez de -lo deseable- abstenernos de aceptar esa “curiosa” invitación y, más bien, exigir que se cumpla con “lo correcto”: vacunar a quien le toca; hacemos surgir las excusas, hundimos la decencia, y nuestras “tablas de salvación” son las más vergonzosas e insultantes cadenas de expresiones, tales como: “… pero si ustedes estuvieran en mi lugar, lo harían…” o “… quién reciba una invitación y no la acepte, tire la primera piedra”.

Nos equivocamos cuando buscamos cubrir las barbaridades que comete un hijo, y, como progenitor tratar de “salvar su pellejo”, aunque eso implique que en mi calidad de “buen” salvador salga trasquilado en el proceso.

Nos equivocamos cuando ejercemos un rol público y bajo pretextos y patrañas buscamos desconocer las disposiciones de autoridad competente: tapamos los horrores propios y ajenos, nos convertimos en juzgadores y modificamos las órdenes judiciales al llamar “cumplir con confidencialidad” a las disposiciones de transparentar la lista de quienes se han vacunado en la fase cero.

Nos equivocamos cuando encabezamos el liderazgo de la patria y, pese a que hay voces con recta intención que nos solicitan una y otra vez, por el bien común: “no designe a tal persona porque no es la más idónea”, o, “aquí tiene “almitas” que solo queremos la oportunidad de demostrar que podemos hacerlo mejor, porque la prioridad es el ser humano, y no la bendita política partidista; inclusive ad-honorem”, nos hacemos “oídos sordos”.

Lo más lamentable es empecinarnos en el yerro. No obstante, en nuestras manos está forjar nuestra propia historia: como personas sensatas que más que saber hablar, sabemos escuchar, o, como personas tercas en nuestro legítimo pero a todas luces errado juicio.

 

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