“No nos digamos mentiras”

- 12 de junio de 2018 - 00:00

Juan Manuel Santos seguirá en la presidencia de Colombia hasta el 7 de agosto de este año. Bien sabemos que en muy pocos días se llevará a cabo la segunda vuelta electoral, 17 de junio, entre una opción de extrema derecha, Duque, y otra que representa a la izquierda en ese país, Petro.

El tema de Venezuela ha estado presente, más como miserable manipulación, en toda la campaña; el proceso de Paz con las FARC también se juega en la elección que deberán hacer los colombianos. Uribe, el guerrerista, fue el gran patrocinador del No en el referéndum sobre ese proceso, hoy sigue presente con su visión tan perversa de las cosas en esta elección.

Santos, que fue ministro de Defensa de Uribe, habla de muchas temas, la mayoría muy calientes, en una reciente entrevista aparecida en RT (Rusia Today). La frontera Ecuador-Colombia y los incumplimientos colombianos, o sus históricas ausencias; los esfuerzos comunes para enfrentar a la delincuencia; la necesidad de llevar al Estado en esa zona tan postergada, olvidada; el eje binacional San Lorenzo-Tumaco, que incluye la carretera y el importante puente.

Santos admite que esa vasta zona fronteriza ha sido un estratégico corredor para el narcotráfico colombiano que debe llevar la droga hasta México, el gran abastecedor planetario. Las fotos de una carretera y el puente, que nos dijeron solo fueron hechas para facilitar el caminar de guerrilla y droga, han sido narración falsa, tramposa, que hoy ha quedado brutalmente desmentida.

Santos también habla de la OTAN y la incorporación de Colombia como “socio global” para transparentar las compras de armamento. Nunca Colombia se prestará para operación militar alguna dentro de ese monstruo militar que amenaza al mundo entero, dice. Colombia ya está transitando el cuarto año con “gasto” social (hubiera sido siempre mejor hablar de inversión) más alto que el militar, lo que habla, según él, de las prioridades de la Colombia de hoy.

Unasur y los problemas internos, en su visión de corrupción y desorganización, explicarían el retiro temporal de Colombia, y otros cinco países, de este esfuerzo político regional que tanto aliento nos dio.

“No nos digamos mentiras”, dice Santos, que se confiesa, otra vez, ya se lo había dicho antes a Chávez, “demócrata liberal”. Esta vez su interlocutor, frente al que se siente distendido, porque seguramente lo percibe su igual, es el expresidente Rafael Correa. No creo que Santos soltaría tanta prenda ante un periodista, cualquiera sea su nivel o su arrogancia.

Así que el dato mezquinamente ocultado, de Correa como su interlocutor, es otra vez, una pequeñez que desvela al periodismo tramposo. (O)

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